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				<article-title><bold>A propósito de la imagen pública: ¿por qué las personas a veces no se entienden bien? Las cosas que hacen que la comunicación verbal y la comunicación no verbal sean un problema. PARTE V</bold></article-title>
				<subtitle><bold>ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA. Partes de conferencias, seminarios y talleres del imagólogo, paisólogo, filólogo y lingüista Fernando Antonio Ruano Faxas</bold></subtitle>
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						<surname>Fernando Antonio</surname>
						<given-names>Ruano Faxas</given-names>
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				<pub-date pub-type="ppub">
					<day>4</day>
					<month>8</month>
					<year>2011</year>
				</pub-date>			<abstract>
					<title>Abstract</title>
					<p>[...] A la “pobreza” se le ha definido de muy variadas maneras a través de la historia. En nuestros días, para referirse a ella, encontramos términos como: “pobreza absoluta”, “pobreza relativa”, “umbral de pobreza alimentaria”, “umbral de desarrollo de capacidades”, “umbral de desarrollo de patrimonio”, países subdesarrollados, países en vías de desarrollo, país de desarrollo humano medio, país de desarrollo humano bajo, Movimiento de Países no Alineados –NOAL o MPNA–, Segundo Mundo, Tercer Mundo, Cuarto Mundo –grupos que viven en situaciones de marginación, exclusión, segregación, injusticia social, riesgo social, desprotección y pobreza “dentro” del Primer Mundo–, etc. Es, sencillamente, humillante y ridículo ver cómo con denominaciones eufemísticas se le llama a “todo tipo de carencias y deficiencias” de la mayoría de los pobladores del mundo. Se le dé el nombre que se le dé a la pobreza, “¡de todas maneras, Juan te llamas!” [...] ¡Es penoso, y triste, ver cómo se comportan en pleno siglo XXI algunos mandatarios y altos funcionarios religiosos del mundo! ¡Esos comportamientos desajustados, disfuncionales y patológicos son una vergüenza para la civilización humana! [...]</p>
				</abstract>
			
			
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  <p>
    <b>CONTINUACIÓN DE LA PARTE IV:</b>
    <a href="http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/a-prop%C3%B3sito-de-la-imagen-p%C3%BAblica-por/19j6x763f3uf8/188">
      <b>http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/a-prop%C3%B3sito-de-la-imagen-p%C3%BAblica-por/19j6x763f3uf8/188#</b>
    </a>
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    <a href="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2011/08/ruano-faxas-conocer-a-las-personas1.jpg">
      <img src="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2011/08/ruano-faxas-conocer-a-las-personas1.jpg" width="639" height="480" />
    </a>
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    <b>Я</b>
    <b>R</b>
    <i>Consultores</i>
    <i>de Imagen Social</i>
    <i>®&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</i>
    <i>Imagólogo, paisólogo, filólogo y lingüista</i>
    <b>&#160;Fernando Antonio Ruano Faxas</b>
    <i>&#160;</i>
    <i>
      <br />
    </i>
    <b>CICLO&#160; DE&#160; CONFERENCIAS</b>
    <i>
      <br />
    </i>
    <b>La&#160; comunicación&#160; verbo-corporal&#160; humana:&#160; entre&#160; la&#160; normalidad,&#160; la&#160; anormalidad&#160; y&#160; la&#160;</b>
    <b>paranormalidad</b>
    <b>
      <br />
      Diapositiva&#160; 142
    </b>
    <i>
      <br />
    </i>
    <b>Estados Unidos de América&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</b>
    <b>ruanofaxas@gmail.com</b>
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    <b>POR SUPUESTO QUE NO ES FÁCIL CONOCER “DE VERDAD” A LAS PERSONAS</b>
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    <b>MIEDO</b>
    :
    <a href="http://knol.google.com/k/abordando-el-tema-del-miedo-el-temor-y-el-terror-en-sus-contextos-situacionales">http://knol.google.com/k/abordando-el-tema-del-miedo-el-temor-y-el-terror-en-sus-contextos-situacionales#</a>
    &#160;“En los mamíferos superiores, cuyas expresiones faciales han evolucionado como sistemas de señales visuales, estos mensajes de alarma van acompañados de las características «caras de miedo». Estas reacciones, tanto en los animales jóvenes como en los adultos, indican que algo anda realmente mal. Los jóvenes avisan a sus padres; los adultos avisan a otros miembros de su grupo social [...] La acción de llorar consiste en una tensión muscular acompañada de un enrojecimiento de la cabeza, de una humedad en los ojos, con apertura de la boca y distensión de los labios, y con una respiración exagerada y de espiraciones intensas [...]” (Morris, 1996: 126-127). Veamos lo que al respecto del miedo nos dice Ostrosky-Solís: A través de los años las personas adquieren un gran repertorio de habilidades para enfrentarse a situaciones que les provocan miedo y temor. Intentamos aplacar a un jefe enojado y huimos cuando somos perseguidos por un asaltante. Sin embargo, algunos individuos se sobresaltarían en circunstancias que otros considerarían como angustiantes. El miedo al ridículo puede causar en algunas personas un temor incontrolable, casi pánico, cuando se les pide que hablen en público. Algunos temen tanto a los extraños que prefieren quedarse encerrados en sus casas, incapaces de salir a la calle o de trabajar. ¿Cómo se generan estos miedos excesivos? Las neurociencias han investigado los procesos cerebrales que regulan el miedo [...] El miedo es un sistema ancestral de alarma que ayuda a prevenir y evitar los peligros. Es una reacción natural presente en todos los animales; un mecanismo defensivo y de supervivencia que se genera en situaciones que ponen en peligro su vida. La angustia y el miedo constituyen mecanismos de alerta que anuncian los peligros y permiten al ser humano tomar medidas para protegerse de ellos. Así, por ejemplo, cuando una persona se enfrenta a una amenaza desarrolla una sensación que lo prepara para alejarse de la fuente del miedo o bien para atacar, defenderse y luchar. Aparecen entonces algunos síntomas fisiológicos asociados. El miedo puede generar frustración y conductas agresivas, en especial cuando no podemos reaccionar. Además, fisiológicamente, las zonas cerebrales que intervienen en estas conductas se encuentran interconectadas de forma estrecha. La sensación de luchar, huir y proteger se relaciona con una zona en el cerebro que es la amígdala [...] La amígdala es un generador central de estados mentales que evolucionaron para ayudar a sobrevivir en condiciones amenazantes. Si se estimula una parte de la amígdala tenemos reacciones de miedo, sensación de pánico combinado con huida; si se estimula otra zona se siente tranquilidad; con otra diferente sentimos ira. Si no podemos huir, se extiende la sensación temerosa y se desencadena el enojo y la necesidad de atacar [analicemos, por ejemplo, las imágenes verbo-corporales de algunos funcionarios y presidentes latinoamericanos y veremos claramente estas características que, en ciertos casos, reflejan verdaderos miedos que van más allá del límite de lo razonable en una cultura “supuestamente” civilizada y “supuestamente” culta e instruida. Estos miedos irracionales presentan rasgos de verdaderas fobias, de verdaderos traumas sicopáticos y sociopáticos, aparte de la irrespetuosidad hacia las personas y los grupos y la carencia de los más elementales protocolos de socialización en situaciones de civilización]. Ciertos temores vienen impresos en nuestra herencia biológica (genética). Existen miedos primordiales innatos, es decir, no son aprendidos, por ejemplo el miedo a ciertos animales como serpientes, arañas y roedores. Los objetos o fobias más comunes están asociados con aquellos sucesos y objetos capaces de producirnos daño y ante los cuales nuestros antepasados aprendieron a reaccionar&#160;.... Los miedos se clasifican, entre otras cosas, según las culturas y según la edad (Ostrosky-Solís, 2000:201-202). Existe una estrecha conexión entre el temor genético, no adquirido, no aprendido, a ciertos animales dañinos, alimañas, seres míticos o fabulosos, cosas, fenómenos y procesos, según los contextos sociales, y el temor social, adquirido, aprendido, a ciertos individuos y seres tipo endriago que por su físico o sus actos son asociados a ciertas imágenes fabulosas, míticas, animales dañinos, alimañas, cosas, fenómenos y procesos no gratos, no deseados. Por esto, es normal que las personas, al recordar o ver determinadas “imágenes humanas”, sientan repulsión y temor ante individuos que son nombrados con tales denominaciones como: hiena, perro, gato, gorila, buitre, pantera, tiburón, oso, lobo, zorro, rata, comadreja, depredador, monstruo, ogro, diablo, engendro, etc. Imaginemos el temor, el terror, que se puede producir en una persona o en un grupo cuando, después de siglos de considerar a algo o a alguien como “malo”, de repente tiene que enfrentarse a una tal realidad... Imaginemos entonces el miedo que tienen los grupos perseguidos por sus ideales, por sus religiones, por sus creencias, por sus razas, por sus preferencias sexuales, etc. Imaginemos el miedo de un niño ante unos padres a los que se les llama “monstruos”; de los padres a que sus hijos sean raptados o violados en las escuelas y centros religiosos (&#160;
    <a href="http://conlajusticia.wordpress.com/about/">http://conlajusticia.wordpress.com/about/</a>
    &#160;;
    <a href="http://openlibrary.org/b/OL23531218M/Hacia-una-historiograf%C3%ADa-vergonzosa-de-las-grandes-%22fichas%22-de-la-podredumbre-social-y-moral-en-M%C3%A9xico:-Marcial-Maciel,-los-Legionarios-de-Cristo-y-sus-%22gatos%22,-c%C3%B3mplices,-%22fieles-devotos%22-y-encubridores">http://openlibrary.org/b/OL23531218M/Hacia-una-historiograf%C3%ADa-vergonzosa-de-las-grandes-%22fichas%22-de-la-podredumbre-social-y-moral-en-M%C3%A9xico:-Marcial-Maciel,-los-Legionarios-de-Cristo-y-sus-%22gatos%22,-c%C3%B3mplices,-%22fieles-devotos%22-y-encubridores</a>
    . ); de las esposos o esposas ante la pareja que es vista y sentida como una “aberración humana”; de los alumnos ante maestros y directivos educativos con denominaciones similares; de los creyentes ante un dios iracundo y vengativo; de los individuos ante ciertos dioses, deidades, baales, diablos, monstruos, chamanes, brujos, vudúes e imágenes religiosas que inspiran temor; de los ciudadanos ante autoridades corruptas y delincuentes; de los perseguidos por la Inquisición; de los que se encuentran en situaciones de guerras; de los que se encuentran en situaciones de desastres naturales; de los marineros y pescadores y sus familias; de los individuos que se ven obligados a vivir en países y culturas diferentes, desconocidas; de los participantes en programas televisivos que se ven en la necesidad, por el motivo que sea pero generalmente para ganarse unos centavos, de tocar, con los ojos vendados o no, animales, bichos, cosas desagradables, e inclusive comerlas y beberlas; de los trabajadores en empresas e instituciones con funcionarios déspotas y corruptos; de los gobiernos y gabinetes salientes que creen –con todo fundamento, por supuesto– que serán perseguidos y enjuiciados por los gobiernos y gabinetes entrantes; de los niños ante la oscuridad; de los que temen perder a la persona amada; de los celosos; de los niños que confían en determinadas personas, guías religiosos y sacerdotes y son violados sexualmente... El miedo, el temor, la confianza o desconfianza (Gavilán, 2003) que tengan los grupos, el individuo, ante las demás personas, ante determinadas personas, ante una persona, ante el mundo que les rodea, ante determinadas situaciones, ante los animales, fenómenos u objetos de sus respectivas realidades, también condiciona el comportamiento corporal, el lenguaje corporal, el gesto y la mímica: El tipo miedoso es, entre todos los tipos de temperamento, el que se da con más frecuencia. Las personas propensas a tener miedo están muy condicionadas por sus emociones y se dejan dominar con facilidad por ellas. A menudo son irritables y tímidas, están tensas y nerviosas. Tienen una gran necesidad de ser amadas y aceptadas, pero con frecuencia se sienten aisladas, dolorosamente diferentes de los demás e incompetentes. Por eso prefieren lo conocido a lo desconocido, buscan de forma instintiva la seguridad, y donde mejor se sienten es en un entorno conocido (Märtin y Boeck, 2000:59). Mucho se ha hablado ya acerca de que en el mundo moderno los grupos no confían en los mandatarios, en los presidentes, en los gobiernos, en los congresos, en los parlamentos, en las cámaras de diputados, en los senadores, en sus “aparentes moralidades”, en las transnacionales, en la globalización, en las elecciones y las votaciones, en la justicia y en las fuerzas de seguridad (?) y orden (?); se dice que la gente confía más en las asociaciones no gubernamentales, en las instituciones educativas y en las organizaciones religiosas. De tal manera, las conductas de los grupos variarán en dependencia de cómo perciban ellos el panorama. Por otro lado, tenemos que considerar que en el encuentro de los individuos las personas que se conocen a primera vista, que pueden valorarse a primera vista, establecen un vínculo de cercanía cultural, no de distancia cultural; para ellos es más fácil interrelacionarse: “las experiencias compartidas, una cultura común, el uso de signos lingüísticos [palabras] y claves [palabras con ciertos significados especiales y gestos determinados] comunes ayudarán en la búsqueda de un significado consensuado que sirva como vehículo para intercambiar ideas y formalizar relaciones” (Ellis y McClintock, 1993:124). Pero cuando se produce el encuentro entre individuos que a simple vista no se reconocen como partícipes de un mismo grupo, de una misma comunidad, entonces la situación es diferente, es más compleja: “es en nuestras diferentes relaciones con las demás personas donde se manifiestan las más obvias diferencias de conducta. Así, ¿cómo podemos reconciliar el sentimiento de ser una sola, unificada y única personalidad con el hecho de que desarrollamos un amplio campo de diferentes e incluso conflictivas conductas en nuestra comunicación y relación con los demás” (Ellis y McClintock, 1993:124). En el encuentro entre individuos que no se consideran partícipes de un mismo grupo, cualquier chispa puede crear un incendio relacional: “descubrí que un apellido puede ser tan peligroso como el color de la piel. En clase, el primer día que el maestro pronunció mi nombre, dos chicos me miraron fijamente y soltaron un silbido. «Así que eres un kike», dijeron. No sabía a qué se referían ni tampoco que algunas personas usaban aquella palabra de manera despectiva para referirse a los judíos. A la salida de clase, los dos chicos me estaban esperando y, de un empujón, me derribaron al suelo y me propinaron una tanda de puntapiés y una soberana paliza” (Rosenberg, 2000:14). Inclusive en el mundo moderno, globalizado –y en nuestro caso occidentalizado– el estudio o análisis del encuentro, temporal o permanente, por pocos o muchos años, entre culturas diferentes –más emparentadas o menos emparentadas, como se muestra en el cuadro de clasificación aproximada de los grupos humanos– implica la consideración de distancias culturales inmensas, que solamente pueden ser salvadas parcialmente, aparentemente, y, por supuesto, considerando la disposición espiritual y actitudinal que presenten los miembros de las partes contactantes para entenderse o no, es decir, si en realidad los interlocutores desean o necesitan entenderse. El encuentro intercultural siempre ha presentado, y sigue presentando hoy, los matices más diversos, dentro de un mismo país, como por ejemplo Nigeria, en el África Occidental, con 923 468 kilómetros cuadrados y unos 130 millones de habitantes repartidos en unos 200 grupos étnicos diferentes, y también al nivel de un mismo grupo, por pequeño que sea (Ruano, 1988 y 1991) [...] El miedo no sólo había inducido a la creación de un lenguaje clandestino de señales corporales, sino también a la invención de un segundo lenguaje de gestos contrarios, como precaución adicional (Oppenheimer, 1992:154-155) [...] Uno de los grandes problemas de hablar en público es el miedo, la inseguridad. ¿Cuántos de nosotros no hemos padecido los síntomas de este singular mal? ¿Por qué después de haber preparado con minuciosidad nuestro discurso, de haber estudiado y estructurado las frases e ideas que pensamos expresar, nos presentamos ante los demás o subimos al estrado y repentinamente nos empiezan a temblar las piernas, a sudar las manos, una sensación fría nos recorre la espalda y nuestra garganta se resiste a emitir sonido alguno y nuestro cuerpo comienza a lanzar los gestos más desatinados? Sentimos que pensamientos, palabras y gestos pertinentes huyen de nosotros dejándonos abandonados ante el inclemente auditorio. Incluso varios grandes oradores nunca lograron librarse del temor inicial a enfrentarse al público, pero la clave de su éxito residió en que siempre se hicieron del valor suficiente para superar esta etapa y hacer de la exposición oral un placentero deleite propio y ajeno (Torriente, 1997; Paredes, 1998).
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    <b>MISONEISMO</b>
    : Miedo a lo relacionado con lo nuevo, con las novedades, con los cambios. Es la tendencia del individuo a perpetuar el comportamiento ya admitido por el grupo social a que pertenece. Especialmente en las sociedades más tradicionales, el misoneísmo expresa el temor a la ruptura de un equilibrio frágil y difícilmente conseguido. La oposición a todo lo que es nuevo está integrada no sólo por la reacción del sujeto ante las fuerzas exteriores, sino también por el ritmo de su propia actividad mental, que tiende a adoptar cierta constancia en sus convicciones. Se le conoce con otros nombres: neofobia, cainofobia, cainotofobia, kainofobia, centofobia, cenofobia, etc.
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    <b>MITOS, MITOIDES Y MITOMANÍA</b>
    :
    <a href="http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/en-esta-nueva-globalizaci%C3%B3n-tambi%C3%A9n/19j6x763f3uf8/148">http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/en-esta-nueva-globalizaci%C3%B3n-tambi%C3%A9n/19j6x763f3uf8/148#</a>
    &#160;No podemos analizar la vida de los pueblos de América –de la misma manera que la vida de todos los demás pueblos del mundo– sin considerar los mitos y los mitoides. Tampoco podemos analizar la vida de los pueblos que conquistaron América sin sus herencias míticas y mitoideas. ¡Hasta los pueblos que han vivido y viven aún el socialismo y el comunismo han tenido y tienen sus mitos y sus mitoides, “mitos y mitoides socialistas y comunistas”, pero mitos y mitoides al fin! En el caso concreto de los pueblos americanos, los mitos se relacionan con las tres razas que han conformado el mestizaje americano, es decir indios, blancos y negros. Tanto en el pasado como en el presente, por muy variadas razones pero en especial debido a la pobreza, a la incultura, al atraso y al analfabetismo, los mitos y mitoides están estrechamente relacionados con nuestras vidas, al nivel de los grupos más pobres pero también al nivel de los grupos más ricos. En América ser un “universitario” no quiere decir automáticamente “estar liberado de los mitos y los mitoides”. La realidad demuestra todo lo contrario: los mitos y los mitoides americanos, en sus cuatro contextos particulares: indio, blanco, negro y mestizo, nos han marcado y nos siguen marcando fuertemente. Para que exista un “mito” debe haber un ámbito cultural dentro del que pueda existir. Y un ámbito cultural se trata de un lugar común, es un todo complejo dentro del cual la mayoría de sus partes están estrechamente relacionadas. Según ciertos pensadores, un ámbito cultural permite la existencia de mitos cuando sus elementos humanos los viven, creen ingenuamente en ellos, les confieren carácter sagrado, y consideran a todo aquel que no cree en ellos como un réprobo peligroso para el conglomerado social que debe, por eso, ser eliminado. Para que haya mito –afirman– debe haber categorías míticas, maneras universales y necesarias de aprehender la realidad, debe existir un espacio mítico, un tiempo mítico, sustancias míticas, causalidad mítica. Si no funcionan estas categorías de manera espontánea y supraindividual, no puede constituirse el mito, no puede vivirse. Pero nada de esto hay ahora en nuestro mundo moderno. Aunque pueden encontrarse rezagos de categorías míticas, ya no funcionan de manera universal y necesaria. Algunos opinan que estamos demasiado sumidos en el espacio, el tiempo, las sustancias, la causalidad de la moderna ciencia físico-matemática para que podamos creer en mitos como creían nuestros antepasados. Estaríamos demasiados sofisticados por el entrenamiento lógico que algunos recibimos desde nuestra infancia para poder vivir en el ámbito mítico. Según ciertas ideas, nadie hoy día, por lo menos en las partes del planeta que pomposamente llamamos “civilizadas” (que no son sino las que han sido absorbidas por esa gigantesca y devoradora ameba cultural que es el Occidente) está dispuesto a creer que los dioses, los hombres y las cosas se transforman unos en otros, nadie siente que vive en contacto permanente con poderes sobrehumanos. Este mundo nuestro está desacralizado. Siguiendo este razonamiento, no puede hablarse, pues, de “mitos” si se quiere hablar con cierta propiedad. Pero en cambio podría hablarse de “mitoides”, ya que una serie de ideas y creencias puede presentar según de donde se las observe un conjunto de notas comunes con el concepto de mito. Se aceptan, como los mitos, con total ingenuidad, sin ningún análisis crítico sobre la verdad o su significado. Se considera que quienes las realizan son peligrosos para el conglomerado social. Este sentimiento de odio contra el disidente no es, en general, tan intenso ni tan universal como se cree que ocurre en las culturas míticas, pero a veces presenta una desconcertante violencia y abarca grandes porciones de la colectividad. Se tiene, además, como en el caso de los mitos, la convicción de que esas ideas y creencias, o las entidades a las que se refieren, son eternas, intangibles, pilares fundamentales y absolutos de la vida social. Pero, sobre todas las supuestas coincidencias hay una que es, en nuestro concepto, la más importante: cumple una función de jerarquización y aglutinación social [...] puede decirse que el mito es la invención fundamental del hombre primitivo [...] para pasar de la pura horda prehumana a la sociedad humana. El animal puede aglutinarse por instinto, pero cuando se pasa de la animalidad al lenguaje y a la razón, la cohesión social se ve amenazada por la capacidad de todo hombre de tener proyectos propios y de estar dispuesto a luchar para realizarlos [...] El estado es fundamento cuasi mitológico del poder. Es un perfecto “mitoide”. Hay un momento en la historia en que algunos hombres se dan cuenta de que poseen una facultad capaz de analizar críticamente y sin límites todos los valores, todas las creencias que sobre un fundamento mítico imperan en la mente de sus semejantes. Esta facultad se llama razón y permite a quien la usa no sólo llegar por sí mismo a una verdad sin la ayuda de ningún poder trascendente, sino demostrar de manera irrefutable que las historias míticas sobre las que se funda toda la estructura social, son falsas. La razón surge, así contra el mito. Al organizarse se convierte en filosofía y luego en ciencia. Hasta se ha llegado a pensar que la razón es por eso, desde el comienzo, un poder revolucionario, un factor disolvente y subversivo. Frente al poder aglutinante del mito afirma la libertad de los hombres, su capacidad individual de decisión y de oposición [...] El mito es sobrehumano e histórico, la razón es humana y suprahistórica [...] Llega un momento dentro de una cierta historia moderna en que grandes mayorías están convencidas de que deben resolver sus problemas, tanto teóricos como prácticos, por medio de la razón. Esta actitud ha buscado fomentar la aplicación del análisis racional a los fenómenos naturales, lo que contribuiría a disolver los últimos mitos existentes sobre el cosmos (Miró, 1993: 72-75). Para tratar los mitos, véase también: Ernst Cassirer (1998).
    <i>Filosofía de las formas simbólicas</i>
    . México, FCE; Claude Lévi-Strauss (1996).
    <i>Antropología estructural. Mito, sociedad, humanidades</i>
    . México, FCE; James Georg Frazer (1951).
    <i>La rama dorada</i>
    . Madrid, FCE.; Pierre Guiraud (1994).
    <i>La semiología</i>
    . México, Siglo XXI, 127-133 [...] Para tratar los mitos mexicanos véanse, por ejemplo: Enrique Florescano (coord.) (2003).
    <i>Mitos mexicanos</i>
    . México, Taurus; Jorge Carrión (1975).
    <i>Mito y magia del mexicano</i>
    . México, Nuestro Tiempo; Gabriel Careaga (1998).
    <i>Mitos y fantasía de la clase media en México</i>
    . México, Cal y Arena; Macario Schettino (2007).
    <i>Cien años de confusión. México en el siglo XX</i>
    . México, Taurus; Alfredo López Austin (1990).
    <i>Los mitos del tlacuache. Caminos de la mitología mesoamericana</i>
    . México, Alianza Editorial; Michel Graulich (1990).
    <i>Mitos y rituales del México antiguo</i>
    . Madrid, Colegio Universitario de Ediciones Istmo [...] Acerca de los mitos de España y los españoles véase: Fernando García de Cortazar (2003).
    <i>Los mitos en la historia de España</i>
    . España, Planeta [...] Para considerar los tabúes, mitos e imaginerías en torno a la sexualidad masculina y femenina, véase, por ejemplo: Juan Carlos Kusnetzoff (2003).
    <i>La mujer sexualmente feliz. Del mito a la verdad científica</i>
    . Argentina, Granica; Juan Carlos Kusnetzoff (2003).
    <i>El hombre sexualmente feliz. Del mito a la verdad científica</i>
    . Argentina, Granica; Phillip Hodson y Anne Hooper (2003).
    <i>Cómo hacerle bien el amor a una mujer</i>
    . México, Grijalbo y Phillip Hodson y Anne Hooper (2003).
    <i>Cómo hacerle bien el amor a un hombre</i>
    . México, Grijalbo [...] Las herencias culturales, las tradiciones, los idiomas, los mitos y mitoides de cada lugar, los estados del desarrollo sociocultural y socioeconómico, las políticas, los gobiernos, etc., “condicionan”, “revisten”, “alquimizan”, “enmascaran” las creencias, las religiones, los pensamientos socioconfesionales. Eso es viejo y ha pasado y pasa en todos los lugares del mundo; eso todo el mundo lo ha sabido siempre; siempre ha sido así, y así siempre será [...] fábulas y mitos constituyen recursos para que los hombres de pensamiento poco desarrollado asimilen, por medio de la fantasía, lo que aún les es imposible comprender a través de la razón. Es algo que uno comprueba, justamente, con los niños con frecuencia, cuando preguntan cosas difíciles de explicar en abstracto: en esos casos, acudir a ponerles un ejemplo concreto, les permite entender lo que de otro modo no comprenderían. Sólo que, el ejemplo concreto hoy utilizado por nosotros, es ya un ejemplo proveniente de un pensamiento desarrollado; y lo que podríamos considerar el ejemplo de las etapas primitivas del desenvolvimiento humano, era una invención ingeniosa, novelesca, producto de imaginaciones vivas, con aptitudes para crearlas [...] De ahí que la mitología, aunque mentirosa, parte de hechos reales y deba ser considerada no como un simple rosario de invenciones caprichosas sino, en verdad, como un titánico esfuerzo de la mente humana para vencer la propia ignorancia [...] Lo que nos sucede con las fábulas y mitos más antiguos es que hemos perdido el conocimiento de su punto de origen; y con frecuencia les hemos dado interpretaciones que distan mucho de ser las que tuvieron en sus inicios (Aguirre, 1979:79-80).
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    <b>MOTIVACIÓN</b>
    : Sicológicamente hablando, las motivaciones pueden ser internas o inconscientes, es decir, no conocidas por el portador, y también pueden ser externas o conscientes. Las motivaciones producen efectos cuantitativos y cualitativos. Para considerar la importancia de las motivaciones y el liderazgo siempre he recomendado el texto
    <i>Magallanes</i>
    , del escritor austriaco Stefan Zweig.
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  <p>
    <b>NARCOLEPSIA</b>
    : Es el deseo tremendo o la necesidad tremenda e irresistible de dormir. La sincronía interaccional tampoco puede desarrollarse adecuadamente cuando uno de los componentes de la comunicación verbal o no verbal tiene trastornos del sueño o es narcoléptico –lo que en México se llama popularmente “echarse el muerto encima” y en Cuba “tiricia”–, es cataléptico, es decir cuando se inmoviliza repentinamente el cuerpo, o sencillamente se es una persona que tiene cambios de turnos, diurnos y nocturnos, en su actividad laboral. También en las sociedades modernas, urbanas y “desarrolladas” es común que las personas presenten problemas de atención debido a trastornos del sueño, por muchas causas, pero en especial por el ruido, lo que hace que se descontrolen los estímulos y entonces la “noche” y la “cama” no son para dormir, y el acto de dormir se producirá en cualquier otro momento o lugar, incluyendo aquí al mismo momento en el que se produce la comunicación verbal y corporal habitual entre las personas, ya sea en la vida pública, en la jornada laboral o en la vida íntima, el puesto de trabajo o el coche o carro o máquina o transporte, etc., lo que ha producido muchos desastres viales. ¿Nos hemos preguntado por qué, por ejemplo, desde hace solamente unos cuatro años hacia acá, en todos los hospitales del Distrito Federal, en México, la ciudad con mayor cantidad de personas al nivel mundial, hay un departamento médico especializado que trata los trastornos del sueño y su acción negativa en el comportamiento de las personas? La respuesta es sencilla: ¡exigencias de la modernidad! Es el precio que pagamos por vivir en una capital superpoblada e industrialmente compleja.
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    <b>NEUROSIS DE DECISIÓN O MIEDO A OPINAR</b>
    : “el juicio de un tercero adquiere tales proporciones con respecto a la confianza que tenemos en nosotros mismos que la más pequeña decisión se convierte en razón de estado. Si quienes nos rodean refuerzan además este estado de cosas mediante [burlas, chistes de mal gusto, gestos de compasión, desapruebo, rechazo, desprecio, aburrimiento, cansancio, hartazgo, premura, intolerancia] consignas con doble sentido, animando y reprendiendo a un mismo tiempo tal o cual acto, es fácil que acaben por presentarse bloqueos psíquicos, conflictos globales de la personalidad” (Brosse y otros, 1982: 52).
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    <b>PASIONES</b>
    : Acerca de las pasiones y el comportamiento humano, véase, por ejemplo: Georgia Witkin (1996).
    <i>Pasiones. Cómo dominar las negativas y potenciar las positivas</i>
    . España, Grijalbo. Acerca de las pasiones dice Samuel Ramos: “La pasión es la nota que da el tono a la vida de México, sobre todo cuando alguna actividad particular trasciende a la escena pública. No sólo la política, asunto esencialmente público que aquí como en todas partes es materia inflamable, sino un hecho cualquiera que pueda despertar un interés colectivo, es llevado luego al terreno de la pasión. Lo mismo una discusión científica que una controversia artística, casi nunca transcurren serenamente; apenas acaban de surgir, cuando toman un cariz exaltado y crean en torno suyo una atmósfera pasional. La pasión ha llegado a convertirse en una necesidad nuestra, de manera que ahí donde aparece, es exigida como un estimulante para provocar el interés. Esto obliga a todo el que quiere llamar la atención sobre lo que hace o lo que dice, a alzar la voz, a extremar los gestos, a violentar las expresiones para impresionar al auditorio. El prestigio adquirido por la pasión me hace dudar de su sinceridad en ciertos casos que parecen consistir en el gesto y en el ademán, sin su correspondiente contenido. La omnipresencia convierte a la pasión en un factor histórico de primer orden. La pasión es una fuerza motriz obstinada y ciega. Cuando la razón trata de explicar los procesos que aquélla motiva, los encuentra absurdos, desconcertantes, desprovistos de toda lógica [...] Quien lea atentamente nuestra historia con la mira de encontrar, en los avatares del pasado, ese hilo que les da coherencia y conduce a su explicación, sólo descubre una serie de contradicciones que dan la impresión de un caos en el que se debaten la codicia y el desinterés, la quijotería y el sanchopancismo [...] Se afirma que el móvil de ciertos hechos históricos es la pasión; pero tras de ésta, se esconden intereses y necesidades que buscan su satisfacción real. Yo sostengo, en cambio, que tras de los intereses y las necesidades, se esconden pasiones que buscan su satisfacción como tales, si es preciso sacrificando los intereses y las necesidades que la acompañan. He aquí algo incomprensible para la razón, pero cierto: que la pasión todo lo arrasa y lo destruye en su propio interés [...] Solo una disciplina bien pensada podrá cambiar el signo de la pasión del lado positivo. Tal vez sólo una reeducación en amplia escala y sostenida por mucho tiempo, pueda orientar y canalizar correctamente la energía de la pasión para hacerla servir a un objeto en verdad provechoso para la vida colectiva” (Ramos, 2001:117-121).
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    <b>PERCEPCIÓN</b>
    :
    <a href="http://knol.google.com/k/percepci%C3%B3n-instintos-y-estereotipos">http://knol.google.com/k/percepci%C3%B3n-instintos-y-estereotipos#</a>
    &#160;En la comunicación humana, en la sincronía interaccional, la percepción desempeña un papel relevante. Cuando vamos a trabajar científicamente a la percepción y a los procesos perceptuales, enseguida recordamos el dicho popular de “son muchos los caminos que conducen a Roma”, tomando en cuenta las múltiples y variadas investigaciones que al respecto se han realizado y se siguen realizando y los criterios de cada una de las instituciones, escuelas y autores (Tudela y Luna, 2006; Goldstein, 2006). ¿Qué es percepción y cómo se producen los procesos perceptuales?: [Percepción es] los instrumentos para medir y registrar las creencias colectivas [...] Desde la antigüedad se vincula a la percepción con el registro sensible que hacemos del mundo que nos rodea [recordemos aquí que hay países que tienen “muchos mundos”, mundos visibles y perceptuales y mundos “secretos”, “tabuizados”, invisibles, y por lo tanto imperceptuales, para la inmensa mayoría de los componentes del grupo social contextual, en todos los sentidos, y sobre todo allí en donde reina la incultura, el atraso, el tercermundismo y el cuartomundismo, allí en donde reina la ignorancia, el analfabetismo, el fanatismo, los sistemas represores y dictatoriales. Dentro de estos países grandes, complejos, con muchos “mundos secretos”, podemos mencionar a China, Rusia, México, Brasil, Estados Unidos, España, India y a comunidades como “la Comunidad Europea”, “los musulmanes”, “los judíos”, “los cristianos”, “los francmasones”, “los cruzados”, “los vuduistas”, “los santeros”, “los brujos y brujas”, “los ñáñigos”, “los hinduistas”, “los budistas”..., y aquí todo aparece, todo se mezcla: razas, idiomas, dialectos, políticas, economías, religiones, culturas, folclores, clases sociales, tradiciones, protocolos, etiquetas, tabúes, secretos, mitos, mitoides, gastronomías, anhelos, frustraciones, temores... (Ruano, 2003e)]. Es nuestro olfato, nuestro tacto, la vista, el oído, el gusto, el conjunto de la información que nos trasmiten nuestros sentidos lo que nos lleva a percibir el mundo de tal o cual forma. Pero el asunto se complica, pues si la percepción fuera la simple adición o suma de la información externa que llega a los seres humanos y todos tuviéramos el mismo rango de registro, sería una cuestión bastante aburrida [tipo robots]. No es así. Por fortuna para el arte, para la creación y para la libertad humana, nuestros sentidos trabajan con enormes diferencias [consúltese aquí la función de los 9 tipos de inteligencia en la comunicación humana, en el comportamiento verbo-corporal, en la sincronía interaccional]. ¿Cómo escucharían el mundo los genios–monstruos de Mozart o Beethoven? ¿Cómo se miraría desde los ojos de Picasso [y de Frida Kahlo...]? ¿Con qué parte del cuerpo pensaría Víctor Hugo [o Nezahualcóyotl, “El Rey Poeta”; o el rey Alfonso X, “El Sabio”; o Hitler, o Mussolini, o Franco, o Pinochet...]? [¿Cómo se produce y se concibe el movimiento corporal, los actos corporales, y se trata, se percibe y se interpreta el espacio discursivo en artistas de la talla de Isadora Duncan, Josephine Baker, Alicia Alonso, Maya Plisétskaya, Rudolf Nureyev, Mijaíl Baríshnikov..., en deportistas, en atletas, en nadadores, etc., como el corredor Alberto Juantorena Danger y el nadador Michael Phelps?] Nunca lo sabremos bien a bien, pero podemos imaginar por sus expresiones creativas [tanto en el buen sentido como en el mal sentido de la palabra “creativo”]. Allí está un primer detalle. Hay otra cuestión que complica aún más la historia. La fábrica interna en la que cada quien procesa la información es muy diferente, porque hemos sido troquelados en nuestro mundo emocional también en diferentes talleres [como se dice en México: “según te haya ido en la feria”, y aquí me refiero tanto al aspecto genético-biológico como al aspecto social, al aspecto económico y al aspecto alimenticio-nutritivo que ha afectado positiva o negativamente la formación del cerebro]. Nuestros padres, hermanos, amigos, el entorno [las sociedades, las áreas urbanas o desarrolladas y las áreas rurales o atrasadas, los gobiernos, el aparato jurídico-administrativo, el aparato represivo, la censura, la libertad de expresión, las guerras, la violación a los derechos humanos, el racismo o apartheid, la misoginia, la homofobia; las instituciones educativas y las empresas y sus directivos, programas y leyes; los protocolos, la tradición, el folclor, los tabúes; la programación docente-educativa e informativo-noticiosa que aparece en los centros educativos, en las bibliotecas y los centros de información, en los medios masivos de comunicación, el cine, la televisión, la radio, Internet; la belleza o la fealdad; el físico atractivo y el físico repulsivo; los defectos físicos, el ser sano o enfermizo, ¿apto o inepto?, ¿capacitado o incapacitado?, ¿califica o no califica?; el carisma, el glamour, ser aceptado o ser rechazado o no ser tomado en cuenta; ser agradable o no ser agradable; la dicotomía o dualidad vida-muerte y sus muy variados conceptos, según las particularidades sociales y culturales del grupo en el que estamos insertados; el tener “status” o el no tenerlo, el desempeñar roles importantes o el no desempeñarlos; el o los noviazgos y el o los matrimonios; las particularidades de los órganos genitales: pene y vulva, y su estado y apariencia, los hábitos y las estrategias afectivo-sexuales, la capacidad y habilidad para reaccionar orgásmicamente ante el estímulo del Punto G –recordemos que hay Punto G Femenino y Punto G Masculino–etc.], dejan huellas en el laberinto de nuestras emociones [en algunos casos huellas terribles que marcan para toda la vida nuestra conducta social y nuestra conducta sicológica, “nuestras percepciones” del mundo o los mundos que nos rodean y el “cómo somos percibidos” por el mundo o los mundos que nos rodean]. Pero con todo y las diferencias en los registros y la forma de procesar la información, a pesar de las diferencias, la necia idea de la percepción sobrevive. Hoy, gracias a la estadística, podemos indagar un poco más en los interiores de millones de personas, lo cual puede ayudar a la comprensión y entendimiento de la humanidad. El frío porcentaje, el anonimato, ayudan a ampliar el conocimiento que tenemos de los humanos. Será al revés de nuestra vida cotidiana, no tendremos el nombre y el apellido, pero sí la irrefutable cifra. Así, por ejemplo, sabemos qué porcentaje de la población cree en algún tipo de vida después de la muerte. También sabemos cuántos son ateos, cuántos creen en Dios [o más bien en diferentes dioses y diosas, con figuras y conductas diferentes, dentro de una misma religión, como el Catolicismo o el Judaísmo o el Islam, por ejemplo, y al nivel también de las religiones del mundo (Ruano, 2003e); o también “diz que creen en Dios”, o en un dios o diosa...]; qué por ciento de la población mundial considera que la producción de China, que el famoso “made in China”, está relacionado directamente con lo mal hecho, con cosas “chafas”, con productos tóxicos...; qué por ciento de la población mundial considera que George Bush es un asesino demente; qué por ciento de la población de un país cree que su gobierno y su jefe de gobierno tienen un sistema dictatorial o represivo; qué por ciento de la población de un país cree que su presidente y la esposa de éste son unos vulgares ladrones, etc. Cómo llega cada quien a sus conclusiones, es un galimatías, un asunto que puede resolver mejor la literatura. Por lo pronto está el retrato de las distintas percepciones que hay del mundo. Otro ejemplo: existen varios millones de estadounidenses que creen en la vida extraterrestre y en los ovnis por supuesto. De allí que una buena parte afirme haber tenido contactos o encuentros. También en Inglaterra hay muchos que viven aceptando la existencia de fantasmas. Así que, en pleno siglo XXI y cuando hablamos de la aldea global y de la homologación forzosa, la chapucera de la percepción nos juega una buena pasada&#160;hay dioses, es decir “poderosos inmortales”, que creen que pueden hacer en tres días lo que los hombres han hecho en cuarenta y seis años, como sucedió con Jesús: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré.” Los judíos contestaron: “¿En cuarenta y seis años ha sido construido este templo y tú lo vas a levantar en tres días?” (Juan, Capítulo 2, Versículos 19 y 20), y hay hombres, “frágiles mortales”, que creen poder superar a los dioses, “a lo Mandrake el mago”, en la solución de lo imposible, como sucedió con el expresidente de México Vicente Fox que creyó poder resolver el conflicto chiapaneco, es decir lo relacionado con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, en nada más y nada menos que “15 minutos”, y esto fue en el año 2000, cuando el EZLN llevaba ya 6 años de constituido formalmente, actuando, y a la luz pública. Como todos sabemos, o por lo menos yo lo sé, no sé usted, ni el famoso segundo templo de los judíos se construyó en 46 años, sino en 1 año y seis meses en el año 18 o año 21 bajo el reinado de Herodes el Grande, ni el mortal de Vicente Fox pudo hacer nada que valiera la pena, ya no digamos en 15 minutos, sino en los 6 años que duró su mandato. Percepción. Conciencia inicial de una actividad sensorial; proceso que trae la noticia y la interpretación de estímulos o sucesos circundantes. La percepción difiere de la sensación en que esta designa un proceso más pasivo que dispara receptores sensoriales, en tanto que la percepción selecciona de una manera activa y da sentido a un material que procede del mundo inmediato total. La percepción también se distingue de la atención. Este último término caracteriza un estado de lucidez o de reforzada sensibilidad que va más allá de la base perceptiva general. La percepción suministra un fundamento a la información –ya seleccionada después de la sensación–, que sustenta y dirige un posterior control. En el fenómeno de la percepción, el modo en que se entienda cualquier configuración dependerá en gran medida de la experiencia, la memoria y el conocimiento previos. Es, pues, una ultrasimplificación concebir la percepción como el proceso a través del cual nuestros sentidos nos proporcionan información sobre el mundo. El proceso mismo no es tan sencillo. La búsqueda filosófica de alguna definición de realidad objetiva invoca continuamente la base de nuestro conocimiento, o evidencia, del mundo: las percepciones varían enormemente entre los diferentes individuos y las diferentes culturas, quizá como resultado de las diferencias de una interpretación en comparación con otra. Una conclusión a la que se ha llegado es la de que todo conocimiento es esencialmente incierto o hasta ilusorio porque todas las respuestas se basan en evidencias diversas que proceden de sentidos variados impuestos por los límites de los distintos lenguajes. Inevitablemente, semejante discusión lleva a evaluar el sentido, la estructura, la imagen, el signo y el símbolo, y llega a constituir un foco central del análisis de la comunicación. Las teorías y las investigaciones psicológicas que utilizan el análisis de laboratorio y el análisis intercultural se han interesado en gran parte por las diferencias individuales de la percepción. Por ejemplo, los teóricos conductistas y neoconductistas han señalado la importancia de los procesos de aprendizaje para la formación de las percepciones: las diferentes interpretaciones puede atribuirse a las diferencias en los contextos culturales del perceptor. Una indagación perceptiva detallada incluye el estudio de las ilusiones visuales y los estímulos ambiguos (O’ Sullivan y otros, 1995: 262-263). Los problemas relacionados con la percepción, tanto de nosotros mismos como de “los” demás y de “lo” demás, se hacen más complejos debido a que, como sabemos, no siempre los cinco sentidos –gracias a los cuales obtenemos la información del mundo que nos rodea– funcionan correctamente en todas las personas y, peor aún, debido a los grandes problemas que enfrenta el medio ambiente al nivel global, sabemos que en muchos lugares, que en muchos países, algunos sentidos como el olfato, el oído, el gusto, están afectados, y muchas veces seriamente afectados. Los problemas de disminución sensorial son cada vez mayores en todo el mundo, incluyendo aquí, por supuesto, los factores relacionados con la mala alimentación y los trastornos alimenticios, la bulimia, la anorexia, el raquitismo, la ortorexia, etc. Con cierta facilidad podemos conocer el funcionamiento normal de nuestra capacidad sensorial (Gilling y Brighweell, 1982). Pero por si esto fuera poco, tenemos que recordar a la percepción subliminal, que se relaciona con ciertos procesos perceptivos que se salen totalmente de nuestro control. ¿Por qué sucede que a veces nuestra percepción se distorsiona inexplicablemente? Aquí lo que sucede es que nuestro cuerpo también procesa información subliminal, una información que desconocemos “conscientemente”; pero que al ser procesada y decodificada por nuestro cuerpo afecta, y a veces mucho, nuestra conducta en relación con las demás personas y objetos perceptuados. Este asunto hace mucho que ha sido tratado (Kramer, 1974). Perceptuar es un complejo proceso biológico-social, porque aquí intervienen muchos factores corporales y también muchos factores sociales. Tanto el perceptuante como el perceptuado o lo perceptuado entran en el llamado contexto protocolar de la percepción o contexto del protocolo de la percepción, en donde la dicotomía percepción de lo correcto/ percepción de lo incorrecto, las preferencias, las expectativas circunstanciales que tengamos en el mismo momento en que se produce el proceso de percepción, la memoria histórica y el fondo informativo –lo que se nos ha dicho acerca de lo que vamos a percibir– son la misma base o punto de partida de la percepción, lo que, finalmente, arrojará la valoración final de lo percibido. ¡Hasta el conocimiento previo del género o el sexo de una persona influye en nuestras percepciones: masculino, femenino, neutro...! (Naylor y otros, 1980). ¿Se imaginan ustedes cómo funciona la percepción en áreas tan culturalmente, étnicamente, lingüísticamente, protocolarmente, religiosamente, gastronómicamente, etc., variadas como el Mediterráneo, con interacción comunicativa de personas de Europa, Asia, África...? Lo mismo sucede en países tan pluriculturales como México, Brasil, Rusia, China, India, Pakistán, España, Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia, etc. ¿Hemos olvidado hasta dónde llegaron las fatídicas “batallas percepcionales” y a lo que condujeron en países como la ex República Federal Socialista de Yugoslavia –integrada por 6 provincias: Serbia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Eslovenia y Macedonia–, con unos 21 millones de habitantes, con varios idiomas de uso: macedonio, serbocroata, esloveno, albanés..., con un 60 % de ortodoxos, un 30 % de católicos y un 10 % musulmán...? ¿Y hacia dónde va el Pakistán musulmán sunní –mayoritarios, de Sunna o dichos y hechos de Mahoma– y chiita –minoritarios, partido o facción de Alí, primo y yerno de Mahoma– de hoy, con 165 millones de habitantes “en conflicto”? ¿Y qué está pasando hoy, en el México actual, con una diversidad religiosa tan fuerte, contrastante, en constante competencia, en conflicto (Torre y Gutiérrez, 2007), y en donde las ofensas religiosas, inclusive provenientes de los altos jerarcas y líderes religiosos, hacia otras religiones están a la orden del día: “Se necesita ‘no tener madre’ para ser protestante”, dijo, por ejemplo, alguna vez un cardenal mexicano? –estas palabras fueron dichas por el cardenal mexicano Juan Sandoval Íñiguez en 1998, según el escritor mexicano Carlos Monsiváis, en “Intolerancia religiosa. Si no compartes mi fe, te rompo la madre”, texto disponible en&#160;
    <a href="http://ghrendhel.tripod.com/textos/monsivais.htm">http://ghrendhel.tripod.com/textos/monsivais.htm</a>
    &#160;, y en Martínez, 2008, p. 34–. Cómo olvidar que siempre vamos a percibir cualquier información, cualquier comunicación, como buena o mala en dependencia de lo que nosotros consideramos como favorable o desfavorable, como positivo o negativo, como pacífico o agresivo, en nuestros contextos comunicativos variados de cada día y bajo las influencias de nuestras diversas educaciones e instrucciones y nuestras herencias culturales, contextos comunicativos que son, a saber: 1. la vida pública, 2. la vida laboral o especializada y 3. la vida íntima o familiar. Si los procesos perceptivos que se producen entre individuos cultivados y decisores de la vida de la Humanidad y del planeta son un verdadero desastre en una buena mayoría de casos, imaginemos entonces cómo se producirán los procesos perceptivos en culturas y entre individuos que se desenvuelven en situaciones de tercermundismo, cuartomundismo, fanatismo, barbarie y presocialidad (Ruano, 2002a; Ruano, 2003g; Ruano2004c; Ruano, 2006c; Ruano, 2007b). En mis más de 30 años que llevo ejerciendo la docencia he investigado y vivido en carne propia cómo se producen los resultados de la percepción docente-educativa, en cuanto a profesores y alumnos, tanto al nivel de la percepción de los educandos hacia los profesores y de los profesores hacia los educandos como al nivel de la percepción de los directivos hacia los profesores y alumnos y de los alumnos y profesores hacia los directivos, en países culturalmente atrasados y en países culturalmente avanzados, en centros educativos comprometidos con el desarrollo de la ciencia y la técnica mundial, reconocidos internacionalmente, y con “centros educativos patitos” –en México “patito” significa ‘de mala calidad’, ‘satélite’, ‘irregular’, ‘ilegal’, ‘pirata’, ‘fraudulento’...–. ¿Qué he visto aquí? ¡De todo, como en botica! Pero, desgraciadamente, en este “de todo” ha prevalecido la injusticia y la ignorancia (Ruano y Makoviétsky, 1984:&#160;
    <a href="http://openlibrary.org/b/OL1645685M/ciencias-sociales-y-el-trabajo-independiente-de-los-estudiantes">http://openlibrary.org/b/OL1645685M/ciencias-sociales-y-el-trabajo-independiente-de-los-estudiantes</a>
    &#160;; Ruano, 2000:&#160;
    <a href="http://openlibrary.org/b/OL22661780M/C%C3%B3mo-trabajar-con-los-estudiantes-universitarios-de-Ciencias-Sociales.-Apuntes-para-profesores-y-educandos">http://openlibrary.org/b/OL22661780M/C%C3%B3mo-trabajar-con-los-estudiantes-universitarios-de-Ciencias-Sociales.-Apuntes-para-profesores-y-educandos</a>
    &#160;). Otro campo que me ha ayudado mucho a entender los problemas de la percepción selectiva ha sido el relacionado con la criminología, la victimología y la terrorismología. En los años en que trabajé como sociolingüista, intérprete y traductor, específicamente con los doctores Anisín y Danilóvich (&#160;
    <a href="http://openlibrary.org/b/OL1294230M/Problemas-teo%CC%81ricos-de-la-criminologi%CC%81a.-Traducci%C3%B3n-del-idioma-ruso-al-idioma-espa%C3%B1ol-del-fil%C3%B3logo-e-imag%C3%B3logo-Fernando-Antonio-Ruano-Faxas">http://openlibrary.org/b/OL1294230M/Problemas-teo%CC%81ricos-de-la-criminologi%CC%81a.-Traducci%C3%B3n-del-idioma-ruso-al-idioma-espa%C3%B1ol-del-fil%C3%B3logo-e-imag%C3%B3logo-Fernando-Antonio-Ruano-Faxas</a>
    . ), pude comprobar por propia experiencia en la observación y tratamiento de testigos cómo un mismo hecho delictivo puede ser percepcionado de diferentes formas por personas de una misma comunidad, con la misma formación cultural, con edad aproximada, del mismo sexo, etc. Los resultados percepcionales en algunos casos dejaban atónitos a los criminólogos, victimólogos y terrorismólogos de diferentes países e instituciones (Danilóvich, 1988; Lofthus, 1979; Carr, 2002; Burleigh, 2008). Claro está que la corrupción, la doble moralidad, los falsos valores sociales y religiosos, las mentiras masificadas e institucionalizadas (Paz, 1943; Ruano y Rendón, 2006; Sefchovich, 2008), la anarquía, la anomia, la segregación, la discriminación –ya sea positiva (?) o negativa (?), según los diferentes contextos socio-culturales y “según convenga”– y el racismo, tan comunes en la inmensa mayoría de las regiones del Planeta, afectan a los procesos comunicativos generales, y por ende a los procesos perceptuales, a la percepción, inclusive de actos tan deshonestos y aborrecidos mundialmente como la pederastia (Ruano, 2003e; Ruano, 2005b; Ruano 2003a; Ruano, 2002a). Y todo esto independientemente de la más que conocida existencia de grupos humanos y de individuos en particular que aunque son más que reconocidos como elementos tóxicos a los efectos sociales, en algunos casos altamente tóxicos, por las muy variadas razones más que conocidas, son “intocables” (Santoro, 1996; Zepeda, 2008;&#160;
    <a href="http://experiencia.indigobrainmedia.com/web/reporte/edicion108/#1/1">http://experiencia.indigobrainmedia.com/web/reporte/edicion108/#1/1</a>
    &#160;), por lo menos dentro de ciertos grupos humanos, aunque en el mundo civilizado, generalmente el “mundo extranjero”, “el otro mundo”, en “los otros lugares”, ahí sí se les percepciona y se les valora a partir de sus reales y concretas imágenes públicas, de sus reales y verdaderas imágenes sociales. Obviamente, en estos casos de situaciones socializantes negativas y tóxicas, de contextos sociales desajustados en esta nueva situación de globalización (?) y civilidad (?), no creo que sea necesario realizar análisis psicolingüísticos, sociolingüísticos, imagológicos o sensoriales de la percepción y su presencia decisiva en los procesos comunicativos humanos, sino que es muy necesario crear, y urgentemente, para estos “pueblos desajustados con conductas erráticas”, verdaderos programas de educación, de instrucción, crear buenos programas actualizados de conducta cívica, de valores y de derechos humanos. No dudo que también sea bueno crear en estos “pueblos con torpezas percepcionales y comunicativas” programas masificados contra la “ceguera social” y “las mentiras masificadas”. ¿Cómo es posible que no se reaccione de manera tajante y crítica ante actos tan deshonestos e inmorales? ¿Hacia dónde van estos pueblos que, por decirlo de alguna manera, tienen este tipo de “incapacidad sensorial” para percibir conductas tan aberradas, desfachatadas y humillantes? (Ruano, 2004c; Ruano, 1992b). La educación, la instrucción, la civilización, la libertad de expresión verbo-corporal y el adecuado funcionamiento de las 9 inteligencias humanas desempeñan un papel trascendental en los enfoques perceptuales, en los cambios perceptuales, en la evolución perceptual (Ruano, 2004c). Cada grupo humano, cada sociedad, cada esfera sociocultural, cada estrato y cada individuo en particular filtra “una realidad”, “las realidades del mundo globalizado”, “las realidades de la postmodernidad”, “las realidades de la hipermodernidad”, procesa “una realidad”, “las realidades de ‘su’ mundo globalizado”, en dependencia de muchos factores; pero principalmente en dependencia de su ubicación, de su relación, en el contexto de esas realidades y a partir de factores culturales, fisiológicos, psíquicos y económicos concretos. Todo es perceptible, y por ende todo se percibe. Se perciben los objetos animados y los objetos inanimados; se perciben las personas, las instituciones, las organizaciones, los procesos, los fenómenos, los medios masivos de comunicación, los portales y las páginas de Internet, los centros de educación y de instrucción, los protocolos y las etiquetas, los ejércitos, las guerras, las invasiones...; se perciben los espacios grandes y los espacios pequeños, los continentes, los países, las etnias, los grupos humanos...; se percibe la fealdad y la belleza; se percibe a los recogedores de la basura, a los limpiabotas o boleros, a los marginados, a los niños de la calle, a los pobres; pero también se percibe a los ejecutivos, a los directivos, a los empresarios, a los jefes de estado y de gobierno, a los curas, a los papas, a los líderes religiosos del mundo, a los reyes, a los emperadores, a los ricos; se percibe a los buenos y a los malos, a las víctimas y a los criminales, a las cosas buenas y a las cosas malas, a los actos buenos y a los actos malos; se percibe la violencia, la censura, la dictadura, la hegemonía..., ¡y hasta se percibe a los dioses y a las diosas! Recordemos que todas las conductas comunicativas de los seres humanos están representadas y condicionadas por las actitudes, es decir las “posturas del cuerpo humano, especialmente cuando son determinadas por los movimientos del ánimo, o expresan algo con eficacia”, y que todo esto es un sólido e importantísimo fundamento del complejo proceso de la percepción. Por eso, también se tienen que percibir cuidadosamente los momentos adecuados y oportunos, las circunstancias, los contextos, para realizar una intervención comunicativa verbo-corporal, considerando siempre “el lenguaje verbal y el lenguaje corporal apropiados”, “el idioma adecuado”, sobre todo en situaciones de conflictos lingüísticos, de culturas en contacto y de lenguas en contacto, “las formas”, “los contenidos”, los “estilos” (Ruano, 1980; Ruano, 1987; Ruano, 1992a; Ruano, 1992b; Ruano, 2000; Ruano, 2002a; Ruano, 2003c; Ruano, 2003d; Ruano, 2003e; Ruano, 2005b; Ruano, 2006b; Ruano, 2007b). Aclaremos aquí lo que es un encuentro: Encontrarse significa mucho más que hallarse en vecindad, yuxtaponerse, chocar, dominarse y manejarse. Encontrase implica entreverar el propio ámbito de vida con el de otra realidad que reacciona activamente ante mi presencia. Encontrarse es hallarse presente, en el sentido creativo de intercambiar posibilidades de un orden u otro. Voy en un vehículo abarrotado de viajeros. Mi vecindad con ellos es extrema, pero no les estoy presente; no deseo adentrarme en sus vidas. Pero he aquí que a cierta distancia diviso a un amigo que me sonríe desde su encierro. Yo le contesto de la misma forma, indicándole con ese gesto amable que me encantaría conversar con él pero es imposible. Estamos distanciados, mas no alejados. De alguna forma ya nos hemos encontrado. En la sonrisa me sale al encuentro toda la persona de mi amigo, aunque no su persona toda [...] El encuentro es una relación colaboradora [...] Para encontrarme contigo [...] debo tratarte como un tú, no como un ello. Debo respetar tu condición personal, verte como una realidad autónoma, un centro de iniciativa [...] [En la sincronía interaccional los individuos] deben renunciar a recluirse en sí mismos. Pero tal renuncia no supone una pérdida de identidad, una entrega a lo ajeno y extraño. Significa, por el contrario, el cumplimiento de una exigencia de la propia realidad que es el entrar en colaboración. Toda realidad es un «ámbito» en la medida en que tiende a complementarse con otros seres para fundar nuevas realidades y desplegar así todas sus posibilidades que alberga en su interior. Una persona es «ambital» porque está llamada a fundar toda clase de encuentros [...] Las personas, al relacionarse entre sí [...] incrementan sus posibilidades, su poder de iniciativa, el campo que abarcan en sociedad [...] La calidad [del encuentro] es alta cuando el hombre renuncia a las relaciones que permiten dominar y cultiva las que implican colaborar. Este fomento y aquella renuncia entrañan cierta dosis de generosidad [...] El encuentro no se da automáticamente con el mero anular las distancias&#160;.... Y el encuentro entre personas se relaciona con la comunicación en grupos. Los grupos se clasifican en: 1. Primario. Son los grupos pequeños o íntimos. Aquí se produce un contacto regular y directo, comunicación cara a cara con los otros miembros del grupo. Los participantes de este tipo de grupo oscilan entre 2 y 20 aproximadamente. Estas personas regularmente se asocian y colaboran unos con otros y comparten propósitos comunes. Los miembros de un grupo primario no sólo son conscientes de su calidad de miembro del grupo, sino también de los límites del grupo, es decir, saben lo que distingue su grupo de otros y conocen a todos los miembros del grupo a que pertenecen. El conocimiento de quiénes son los pertenecientes al grupo conduce a un complicado conjunto de reglas no escritas y también escritas que dirigen el desarrollo de la conducta y la interacción. Aquí también hay que distinguir entre los grupos que se dan naturalmente y los grupos creados. Los grupos que se dan naturalmente, como la familia, son los grupos cuyos miembros comparten experiencias y pueden tener valores similares, o las reuniones voluntarias de grupos de amigos o compañeros de trabajo que comparten un mismo propósito. Estos grupos existen en beneficio de los miembros del grupo. Los miembros son responsables ante los demás de lo que ocurra dentro del grupo. El propósito viene muy determinado por lo que los miembros consideran como funciones del grupo y por lo que cada miembro quiere del grupo en cuanto a satisfacción personal. En muchos grupos naturales puede no haber manifestación clara de los propósitos del grupo. Los grupos creados son aquellos cuyos miembros han sido reunidos por alguien exterior al grupo con un objetivo particular in mente. Grupos de este tipo serán los comités, cuyos miembros se presentan voluntarios para realizar unos papeles específicos o han sido elegidos por los demás; los grupos de trabajo, a cuyos miembros se les ha solicitado que se unan, o se les ha seleccionado; grupos experimentales, que han sido reunidos por un investigador para estudiar el funcionamiento de un grupo. Es el caso, por ejemplo, de Bigbrother y La Academia, programas de televisión mexicanos con alto por ciento de telespectadores. La amistad y el compañerismo pueden desarrollarse entre miembros de un grupo creado, pero éste no es el propósito principal del grupo. Aunque el grupo opere de manera informal, los miembros pueden comunicarse con bastante claridad –sea por medio de palabras, acciones o señales no verbales– qué tipo de conducta es la esperada y qué no es aceptable dentro del grupo. La adaptación a las normas y expectativas del grupo es frecuentemente uno de sus rasgos más significativos [...] los que no se adaptan, tienen dificultades en ser aceptados. Alguien que, por ejemplo, habitualmente beba muy poco alcohol, puede encontrarse con que, en un grupo de bebedores, es necesario pagar rondas y beber más de lo usual. Otra persona puede necesitar adoptar un estilo bastante diferente de vestimenta para ser aceptado dentro del grupo. Los grupos informales desarrollan frecuentemente su propio estilo de lenguaje, con palabras específicas que actúan como una especie de jerga, y cuyo significado sólo es claro para los miembros del grupo. Adaptarse a las convenciones del lenguaje verbal y no verbal del grupo puede ser una condición para ser aceptado. Muchas personas se adaptan a las normas del grupo porque comparten sinceramente los mismos valores e intereses que los demás miembros del grupo. Otros se adaptan sencillamente para ser miembros del grupo. Habitualmente, sólo los que permanecen en la periferia del grupo o los individuos dominantes tipo líder pueden mostrarse disconformes y seguir perteneciendo al grupo. Los grupos formales son más claramente definidos. Habitualmente tienen un líder identificable o una estructura organizativa, las reglas están abiertamente establecidas, el propósito del grupo está claramente formulado y los encuentros del grupo se organizan generalmente en una determinada fecha y lugar, a menudo de forma regular. La adecuación a las reglas suele ser una condición establecida para ser miembro del grupo más que una convención. Los miembros de los grupos formales tienen papeles definidos como presidente, tesorero, vocal, etc. (Ellis y McClintock, 1993:143-162). 2. Secundario. Son grupos más amplios e impersonales. Los contactos son mucho menos directos. Hay menos implicación personal. La conciencia de grupo, de clase, de rango, la jerarquía (Manis, 1972), es decir, el deseo de suprimir los desacuerdos por todos los medios y adaptarse al punto de vista del líder, siempre está presente en la sincronía interaccional. Ya la Bruyère hablaba al respecto en la Francia del 1688: [...] los grandes gustan de los excesos y los pequeños de la moderación; aquéllos tienen el gusto de dominar y de mandar, y éstos el placer y aun la vanidad de servir y obedecer [de adular]; los grandes son rodeados, saludados, respetados; los pequeños rodean, saludan, se posternan [...] Hay hombres por naturaleza inaccesibles, y que por lo común son precisamente de quienes dependen y a quienes necesitan los demás. Semejantes al azogue y siempre en movimiento, brincan, gesticulan y se agitan; truenan y despiden llamas como las figurillas de cartón que se presentan en las fies	
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			<p>[&#8230;] A propósito de la imagen pública: ¿por qué las personas a veces no se entienden bien? Las cosas &#8230; https://ruanofaxas.wordpress.com/article/a-proposito-de-la-imagen-publica-por-19j6x763f3uf8-189/ [&#8230;]			</p>
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