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				<article-title><bold>¿POR QUÉ LA GENTE NO SE ACEPTA Y SE RECHAZA CON TANTA FRECUENCIA, Y SI SE ACEPTA LO HACE HIPÓCRITAMENTE? HABLEMOS UN POCO DE LA SINCRONÍA INTERACCIONAL Y SU FUNCIÓN EN LA COMUNICACIÓN HUMANA</bold></article-title>
				<subtitle><bold>ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA. PARTES DE CONFERENCIAS, SEMINARIOS, TALLERES, DIPLOMADOS, MAESTRÍAS, IMPARTIDOS POR EL IMAGÓLOGO, PAISÓLOGO, FILÓLOGO Y LINGÜISTA CUBANO FERNANDO ANTONIO RUANO FAXAS</bold></subtitle>
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						<surname>Fernando Antonio</surname>
						<given-names>Ruano Faxas</given-names>
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				<pub-date pub-type="ppub">
					<day>23</day>
					<month>2</month>
					<year>2012</year>
				</pub-date>			<abstract>
					<title>Abstract</title>
					<p>PARTE II. COMUNICACIÓN, COMMUNICATION, ОБЩЕНИЕ, KOMMUNIKATION, COMMUNICATION, 通信 , İLETİŞİM , اتصال

TOXICIDAD SOCIAL, SOCIAL TOXICITY</p>
				</abstract>
			
			
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  <p>
    <b>PARTE II. ¿POR QUÉ LA GENTE NO SE ACEPTA Y SE RECHAZA CON TANTA FRECUENCIA, Y SI SE ACEPTA LO HACE HIPÓCRITAMENTE? HABLEMOS UN POCO DE LA SINCRONÍA INTERACCIONAL Y SU FUNCIÓN EN LA COMUNICACIÓN HUMANA</b>
    , es parte de mi libro registrado con los siguientes datos:
    <b>
      Fernando Antonio Ruano Faxas.
      <i>El lenguaje corporal humano. Un enfoque imagológico en base a criterios verbales y no verbales</i>
    </b>
    , con 808 páginas, disponible a través de
    <b>
      <a href="http://openlibrary.org/b/OL21783353M/El_lenguaje_corporal_humano._Un_enfoque_imagol%C3%B3gico_en_base_a_criterios_verbales_y_no_verbales">http://openlibrary.org/b/OL21783353M/El_lenguaje_corporal_humano._Un_enfoque_imagológico_en_base_a_criterios_verbales_y_no_verbales</a>
    </b>
    .
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    <a href="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-sincrona-interaccional1.jpg">
      <img src="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-sincrona-interaccional1.jpg" width="628" height="587" />
    </a>
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    <b>
      ESTE TEXTO CONTINÚA DE LA PARTE I:
      <a href="http://knol.google.com/k/por-qu%C3%A9-la-gente-no-se-acepta-y-se-rechaza-con-tanta-frecuencia-y-si-se-acepta#edit">http://knol.google.com/k/por-qu%C3%A9-la-gente-no-se-acepta-y-se-rechaza-con-tanta-frecuencia-y-si-se-acepta#edit</a>
    </b>
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  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    [...] Tratar este tema de los triunfadores y los perdedores, de los "agraciados" y los "desgraciados", de los "suertudos" y los "sinsuertes", tiene sus dificultades, no es fácil, el mundo es muy grande, y las culturas tantas como las estrellas [...] como he planteado en&#160;
    <a href="http://knol.google.com/k/percepci%C3%B3n-instintos-y-estereotipos">http://knol.google.com/k/percepci%C3%B3n-instintos-y-estereotipos#</a>
    &#160;[...] No todo lo que parece es, no todo lo que brilla es oro, hay cosas que parecen sinónimas, pero no lo son, o son sinónimas, pero no tanto. Para eso existe la SINONIMIA ABSOLUTA y la SINONIMIA RELATIVA
    <a href="http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/las-realias-y-su-importancia-en-la/19j6x763f3uf8/181">http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/las-realias-y-su-importancia-en-la/19j6x763f3uf8/181#</a>
    &#160;[...]
  </p>
  <p>&#160;</p>
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    <a href="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-latinas-triunfadoras-en-u-s-a3.jpg">
      <img src="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-latinas-triunfadoras-en-u-s-a3.jpg" width="638" height="479" />
    </a>
  </p>
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    <a href="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-polticos-corruptos5.jpg">
      <img src="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-polticos-corruptos5.jpg" width="639" height="479" />
    </a>
  </p>
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  <p>&#160;</p>
  <p>
    <a href="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-gordillo-yunes-y-caldern1.jpg">
      <img src="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-gordillo-yunes-y-caldern1.jpg" width="641" height="483" />
    </a>
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    <a href="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-los-3-ms-ricos3.jpg">
      <img src="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-los-3-ms-ricos3.jpg" width="642" height="480" />
    </a>
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
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    <a href="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/los-ms-buscados3.jpg">
      <img src="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/los-ms-buscados3.jpg" width="643" height="481" />
    </a>
  </p>
  <p>&#160;</p>
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    <a href="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-lagarde-y-carstens1.jpg">
      <img src="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-lagarde-y-carstens1.jpg" width="644" height="482" />
    </a>
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    <a href="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-reyes-y-clinton1.jpg">
      <img src="https://ruanofaxas.files.wordpress.com/2012/02/ruano-faxas-reyes-y-clinton1.jpg" width="641" height="479" />
    </a>
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    [...] Sabemos muy bien que de la percepción
    <a href="http://knol.google.com/k/percepci%C3%B3n-instintos-y-estereotipos">http://knol.google.com/k/percepci%C3%B3n-instintos-y-estereotipos</a>
    &#160;que se tenga de nosotros dependerá nuestro bienestar y tranquilidad social, laboral y amoroso-sexual o nuestros malestares sociales, laborales y amoroso-sexuales [...] ¿¡Qué en todo esto cuenta la inteligencia, o más bien las inteligencias
    <a href="http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/qu%C3%A9-te-consideras-inteligente-pero-de/19j6x763f3uf8/166">http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/qu%C3%A9-te-consideras-inteligente-pero-de/19j6x763f3uf8/166#</a>
    &#160;!? Sí, totalmente de acuerdo, pero el asunto es mucho, muchísimo más complejo. Todos nos hemos preguntado alguna vez o muchas veces "¿por qué no soy aceptado entre la gente?", "¿por qué no tengo pegue entre los demás?", "¿por qué los demás sí impactan positivamente y yo nunca?", "¿por qué nunca puedo lograr lo que quiero?",&#160;"¿por qué nunca la puedo hacer?", "¿por qué soy un cero a la izquierda en el amor y en el sexo?",&#160;"¿por qué no me toman en cuenta en mi trabajo?",&#160;"¿por qué&#160;en mi familia soy el patito feo?",&#160;"¿por qué la familia de mi esposa o la familia de mi esposo no me acepta o no me quiere?", "¿por qué no soy aceptado o aceptada en este país&#160;a donde vine, por más que le eche ganas?" (migrantes de todo tipo:&#160;
    <a href="http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/migrantes-o-espaldasmojadas-o-wet-back/19j6x763f3uf8/134">http://knol.google.com/k/fernando-antonio-ruano-faxas/migrantes-o-espaldasmojadas-o-wet-back/19j6x763f3uf8/134#</a>
    &#160;),&#160;"¿por qué en las fiestas&#160;la gente ni me mira?",&#160;"¿por qué siempre soy el último o la&#160;última de la lista?", "¿por qué no aceptan a mis hijos?",&#160;y otras mil preguntas más de este tipo. Y este asunto se torna más complejo y triste, más penoso, más difícil, cuando vemos que hasta familias enteras, grupos humanos enteros, países enteros, estados enteros, religiones enteras, grupos religiosos o sectarios enteros, partidos enteros, gobiernos enteros, subcontinentes enteros, continentes enteros, toda una raza, todo un idioma,&#160;son percepcionados en determinados momentos y determinados lugares de una manera negativa, es decir que se consideran nefastos, tétricos, agresivos, amenazantes&#160;y tóxicos [...] y en el ámbito laboral vemos como&#160;toda una industria, una empresa, un negocio o un departamento o grupo o parte de la empresa son&#160;abiertamente o encubiertamente rechazados, y entonces nos preguntamos "¿¡pero qué pasó!?",&#160;"¿por qué y cómo suceden estas cosas?" [...]&#160;Y es&#160;que justamente en casos como&#160;éstos la percepción, los estereotipos, los instintos, etc., desempeñan una función trascendental&#160;[...] Pero veamos algunos detalles al respecto [...]&#160;&#160;&#160;&#160;
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    ¡Qué bueno que, por lo menos, nosotros los latinoamericanos, los iberoamericanos, los "latinos":
    <a href="http://knol.google.com/k/por-qu%C3%A9-nos-llaman-latinos-qui%C3%A9nes-son-los-latinos-y-cu%C3%A1l-es-su-origen-y-el">http://knol.google.com/k/por-qué-nos-llaman-latinos-quiénes-son-los-latinos-y-cuál-es-su-origen-y-el#</a>
    &#160;, los "hispanos",&#160;ya sabemos que fueron los egipcios los primeros en manejar a la perfección la traición en su sociedad y en sus relaciones internacionales! (Jeambar y Roucaute, 1997: 47-48): nos ganaron los egipcios, porque de lo contrario habríamos asegurado que fuimos nosotros los latinos, los americanos, los primeros grandes traidores de la historia. ¡Y por supuesto que incluyo aquí, en la "latinidad traidora", a España y a Italia también, y en primerísimo lugar!, como demuestran la realidad diaria y absolutamente todos los medios masivos de comunicación del mundo. Y tampoco dejo afuera a Francia... ¡Es tanta la traición en este Hemisferio, aquí en América...! Aquí ya es tanta la traición que cuando no tenemos a quien traicionar, nos miramos al espejo y ahí va la autotraición...! Sencillamente, nos mentimos a nosotros mismos, nos autoengañamos, y eso es autotraición, se mire por donde se mire. La diferencia es que los egipcios empleaban también, junto a la traición burda, protocolos "elevados" de la traición. Aquí en América, sólo conocemos la parte "burda". Eso de “protocolos elevados” parece que no se da en esta área, no se nos da, y no solamente en cuestiones de traición.
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    ¿¡Credibilidad en la política de América!? ¡Pero ni de chiste! ¿¡Creer en “los que mandan”
    <a href="#_ftn1">[264]</a>
    en América!? ¡Pero ni de chiste! (Imaz, 1964). ¿¡Creer en “eso” que llaman “democracia” (?) en América!? ¡Pero ni de chiste! (Meyer, 2007). ¿Qué usted no recuerda cómo es que se seleccionan a los dirigentes y políticos de América? Si no recuerda, vea el siguiente video:
    <i>Time for Some Campaignin</i>
    o
    <i>Tiempo de Hacer Campaña</i>
    , disponible en
    <i>Time for Some Campaignin</i>
    <a href="http://www.youtube.com/watch?v=adc3MSS5Ydc">
      <b>http://www.youtube.com/watch?v=adc3MSS5Ydc</b>
    </a>
    &#160;. Hace mucho tiempo ya que la
    <b>mentira</b>
    es componente idiosincrático de la historia político-gubernamental-administrativa en toda América, empezando por Estados Unidos –de la misma manera que, a su vez, la mentira es un rasgo bastante común, por el motivo que sea, de los latinoamericanos–. Aquí no me refiero exclusivamente a la mentira que se dice con las palabras, sino también a la mentira que se dice con los gestos, con gestos que desmienten lo que se dice con palabras (James, 2002: 72-73). Con frecuencia podemos detectar a través del rostro, de los gestos, de las muecas, las mentiras que se están pensando, que todavía no se han dicho, que se van a decir. Sucede a veces que los gestos que desmienten al discurso verbal son constantes, tanto en personas en particular como en grupos humanos en general, lo que quiere decir, entre otras cosas que tanto la persona como el grupo están afectados por la inseguridad, por el temor, por la dismorfobia, por la baja autoestima y por otras patologías y síndromes. Queda claro que no es normal que en un mundo civilizado, que en un mundo globalizado, una persona, grupo o pueblo constantemente esté reflejando una tal disociación entre discurso verbal y discurso corporal: palabras por un lado y gestos por otro lado, ¡nada que ver las unas con los otros!; las palabras dicen una cosa y los gestos dicen otra... Entre palabras y gestos tiene que haber, en situaciones discursivas normales, una armonía discursiva, una congruencia. Si no es así, entonces algo anda mal, o, de plano,&#160;todo el discurso es un verdadero fraude.&#160;
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Para tratar a la “mentira” como un fenómeno comunicativo verbo-corporal –se dice mentiras con el lenguaje verbal y con el lenguaje corporal, con las palabras y con los gestos– generalizado y de alto impacto, lo primero que hice –como filólogo e imagólogo con más de treinta años en esta actividad– fue considerar las características socio-culturales y socio-lingüísticas del grupo que miente. En este caso, que estamos hablando de América, lo primero que salta a la vista de cualquiera, por poco observador que sea, es la variedad del continente: razas, etnias, economías, políticas, religiones, tradiciones, folclores, gastronomías, lenguas, dialectos..., se mezclan en un arco iris de mil colores. ¡Eso queda claro!</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    El hombre americano tiene, en promedio y por encima de todas sus diferencias, como denominador común a la religión judeo-cristiana –además de las archiconocidas y archipracticadas, en todas las épocas y en todas las esferas sociales, santerías amerindias y africanas–, en situación de sincretismo religioso, claro está, como sincrético también es el mismo Cristianismo, el mismo Catolicismo, si tomamos en cuenta que el Cristianismo nació en Israel, que Jesús era judío, y que Israel está en Asia, por lo que Jesús, entonces, es de origen asiático:
    <a href="#_ftn2">[265]</a>
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Las substituciones de unas religiones por otras, los procesos de mestizajes religiosos, las transculturaciones religiosas, los sincretismos..., generalmente van de la mano de “imposiciones”, de “obligaciones”, de “la fuerza del amo sobre el vasallo”, de “la fuerza del conquistador sobre el conquistado”... Todo esto, siempre va acompañado, además, de malos recuerdos, de penas, de tristezas, de temores, de incertidumbres, de confusiones, de falsedades, de traiciones, y de un odio terrible. Cuando te obligan a hacer lo que no quieres, “algo” pasa; y no precisamente ese “algo” es bueno. Por otro lado, no creo que haya ninguna persona con media educación, es decir que no sea ignorante, que imagine –si es que todavía no se ha dado cuenta de la realidad– que una religión que aspire a la universalidad, que quiera ser universal, que quiera tener el control de todos y cada uno de los seres a como dé lugar, pueda no ser violenta, pueda ser tolerante. ¡Imposible! Y ya hemos excavado en las historias de las religiones lo suficiente como para conocer –por lo menos las personas que saben leer, particularmente los políglotas, los “no analfabetos”, e inclusive los que siendo analfabetos saben “entender”– sus misterios y sus reales objetivos y aspiraciones (Saramago, 2004). ¡Esto es pan comido! Una religión con estas características es, como ha mostrado y sigue mostrando la historia, la actualidad, violenta e intolerante. Una cosa son las religiones integradoras, es decir que “aceptan a los demás”, y otra cosa son las religiones excluidoras, es decir que “no aceptan a los demás”, salvo que se conviertan... (Todorov, 1999: 106-136) [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Que no se nos olvide que en cuestión de religión y religiones “los secretos” aumentan mucho más en aquellos grupos que “simulando” tener “una sola religión” es evidente, inclusive ante los ojos de los más ignorantes e indiferentes, que profesan “cultos alternativos”. ¡Y justamente ésta es una característica histórica en América!, debido, ante todo, a la presencia y mezcla de grupos étnicos y socioculturales diferentes: amerindios, europeos, asiáticos, africanos..., con religiones muy diferentes, con sincretismos religiosos varios –y, claro está, también sincretismos lingüísticos, gestuales, protocolares... (Ruano, 2003e).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    Nosotros los americanos, con tradiciones católicas, cristianas, protestantes, leemos la
    <i>Biblia</i>
    , en cualquiera de sus versiones e idiomas,desde temprana edad. Nosotros los americanos asistimos a los cultos religiosos y ahí, muy temprano, comenzamos a amar y también a temer a Dios, a respetar sus palabras; por eso, “se supone”, no debemos hacer las cosas que a Él no le gustan, las cosas que Él nos tiene prohibidas, para que no nos castigue, en la vida y en la muerte. La palabra sagrada, de la
    <i>Biblia</i>
    , la conocemos muy temprano, en la niñez, ya sea a través del discurso oral de las demás personas, principalmente en nuestras comunidades latinas a través de los rabinos, de los pastores, de los imanes, de los sacerdotes, de los guías religiosos y espirituales de muchas sectas, logias, comunidades y religiones amerindias y africanas, como la santería, etc., o a través de nuestra propia lectura: ¿qué es el Catecismo, por ejemplo? Justamente por esto nos llama la atención el alcance perturbador, disociante y tóxico de la mentira en nuestras sociedades en la actualidad, porque en la
    <i>Biblia</i>
    este tema se trata de manera radical, tajantemente, con implicaciones fuertes, hasta de muerte. ¿Es que acaso no respetamos las palabras recogidas en nuestros textos sagrados? ¿Es que acaso no se supone que somos religiosos? ¿Cuál es el verdadero objetivo de nuestra asistencia, con todo y familia, con todo e hijos, a las iglesias, a los templos? ¿Cuál es la imagen, el ejemplo, que se supone que queremos con nuestra “devota” asistencia a los centros de cultos religiosos judeo-cristianos?
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    La “mentira”, y sus implicaciones, se recoge en la
    <i>Biblia</i>
    con mucha frecuencia:
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>7 Huye de la mentira. No harás morir al inocente y al justo; porque yo aborrezco al impío (Éxodo, 23).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>11 No hurtaréis. No mentiréis, y ninguno engañará a su prójimo (Levítico, 19).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>3 que mientras haya aliento en mí, y me conserve Dios la respiración, 4 no han de pronunciar mis labios cosa injusta, ni saldrá de mi boca dolo ni mentira (Job, 27).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>7 Tú aborrecerás a todos los que obran la iniquidad: tú perderás a todos aquellos que hablan mentira. Al hombre sanguinario y fraudulento, el Señor lo abominará (Salmos, 5).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>16 Seis son las cosas que abomina el Señor, y otra además le es detestable. 17 Los ojos altaneros, la lengua mentirosa, las manos que derraman la sangre inocente, 18 el corazón que maquina perversos designios, los pies ligeros para correr al mal, 19 el testigo falso que forja embustes, y el que siembra discordias entre hermanos (Proverbios, 6).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>4 La mano desidiosa produce la mendicidad; pero la mano activa acumula riquezas. Quien se apoya en mentiras, ese tal se alimenta de viento, y corre neciamente tras las aves que vuelan (Proverbios, 10).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>22 Abomina el Señor los labios mentirosos; los que obran fielmente, esos le son gratos (Proverbios, 22).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>5 Detesta el justo la mentira o calumnia; mas el impío, que infama, será infamado (Proverbios, 13).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>5 No quedará impune el testigo falso, y no escapará del castigo quien habla la mentira (Proverbios, 19).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>9 El testigo falso no quedará sin castigo, y perecerá el que habla la mentira (Proverbios, 19).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>17 A primera vista grato es al hombre el pan de mentira; mas hincando el diente, se llena la boca de arena, o de chinitas (Proverbios, 20).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>6 Quien allega tesoros a fuerza de mentir con su lengua, es un tonto e insensato, y caerá en los lazos de la muerte (Proverbios, 21).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>7 Dos cosas te he pedido, oh Señor; no me las niegues en lo que me resta de vida. 8 Aleja de mí la vanidad y las palabras mentirosas. No me des ni pobreza ni riquezas; dame solamente lo necesario para vivir; 9 no sea que viéndome sobrado, me vea tentado a renegar de ti, y diga lleno de arrogancia; ¿Quién es el Señor? o bien que, acosado de la necesidad, me ponga a robar, y a perjurar el Nombre de mi Dios (Proverbios, 30).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>11 Guardaos pues la murmuración, la cual de nada aprovecha, o daña mucho, y refrenad la lengua de toda detracción; porque ni una palabra dicha a escondidas se irá por el aire; y la boca mentirosa da muerte al alma (Sabiduría, 1).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>13 No inventes mentiras contra tu hermano; ni lo hagas tampoco contra tu amigo. 14 Guárdate de proferir mentira alguna; porque el acostumbrarse a eso es muy malo (Eclesiástico, 7).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>26 Es una tacha infame la mentira en el hombre; ella está de continuo en la boca de los mal criados.&#160;27 Menos malo es el ladrón, que el hombre que miente a todas horas; bien que ambos a dos tendrán por herencia la perdición. 28 Deshonradas y viles son las costumbres de los mentirosos; siempre llevan consigo su propia confusión (Eclesiástico, 20).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>44 Vosotros sois hijos del diablo, y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre: él fue homicida desde el principio, y creado justo no permaneció en la verdad; y así no hay verdad en él; cuando dice mentira, habla como quien es, por ser de suyo mentiroso, y padre de la mentira (San Juan, 8).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>En esta siguiente parte aparece el castigo que les espera a “las parejas que mienten de mutuo acuerdo”. En América, como muestran las informaciones diarias en todo tipo de medio masivo de comunicación, es común que “ciertas parejas” con poder, que algunas parejas presidenciales, mientan en total acuerdo, ¡pero en grande! También se debe considerar aquí a los efectos del castigo al “pareja”, es decir a los policías y vigilantes del tráfico vial extorsionadores que piden “la mordida”. Hablando de “parejas”, tal y como están las cosas y a partir de los tremendos escándalos de homosexualidad y pederastia en la Iglesia católica, también hablaríamos de las “parejitas” afectivo-sexuales –reconocidas y secretas, activas y pasivas– entre los sacerdotes, pastores y guías religiosos. Bueno, en este caso, parece que a estos pecadores les espera una muerte repentina, por mentirosos, más no por parejas:</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>1 Un hombre llamado Ananías, con su mujer Safira, vendió también un campo. 2 Y, de acuerdo con ella, retuvo parte del precio; y trayendo el resto, lo puso a los pies de los&#160; Apóstoles. 3 Mas Pedro le dijo: Ananías, ¿cómo ha tentado Satanás tu corazón, para que mintieses al Espíritu Santo, reteniendo parte del precio de ese campo? 4 ¿Quién te quitaba el conservarlo? Y aunque lo hubieses vendido, ¿no estaba su precio a tu disposición? ¿Pues a qué fin has urdido en tu corazón esta trampa? No mentiste a hombres, sino a Dios. 5 Al oír Ananías estas palabras, cayó en tierra y expiró. Con lo cual todos los que tal suceso supieron, quedaron en gran manera atemorizados. 6 En la hora misma vinieron unos mozos, y lo sacaron y llevaron a enterrar.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>7 No bien pasaron tres horas, cuando su mujer entró, ignorante de lo acaecido. 8 Le dijo Pedro: Dime, mujer, ¿es así que vendisteis el campo por tanto? Sí, respondió ella, por eso precio lo vendimos. Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué os habéis concertado para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los que enterraron a tu marido; y ellos mismos te llevarán a enterrar. 10 Al momento cayó a sus pies, y expiró. Entrando luego los mozos, la encontraron muerta, y sacándola, la enterraron al lado de su marido. 11 Lo que causó gran temor en toda la Iglesia, y en todos los que tal suceso oyeron (Hechos de los Apóstoles, 5).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>9 No mintáis los unos a los otros, en suma, desnudaos del hombre viejo con sus acciones, 10 y vestíos del nuevo, de aquél que por el conocimiento de la fe se renueva según la imagen del Señor que lo creó (Colonenses, 3).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>14 Mas si tenéis un celo amargo, y el espíritu de discordia en vuestros corazones; no hay para qué gloriaros, y levantar mentiras contra la verdad (Santiago, 3).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>21 No os he escrito como a ignorantes de la verdad, sino como a los que la conocen y la saben: porque ninguna mentira procede de la verdad que es Jesucristo (San Juan, 2).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>En esta parte no es fácil saber cuánto castigo les espera a “ciertos personajes” de nuestra América, que son “toda una joyita”, unos “verdaderos estuchitos de monerías”, que, como el taco mexicano, ya vienen “con todo y todo”:</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>8 Mas en orden a los cobardes, e incrédulos, y execrables o desalmados, y homicidas, y deshonestos, y hechiceros, e idólatras, y a todos los embusteros, su suerte será en el lago que arde con fuego, y azufre: que es la muerte segunda y eterna (Apocalipsis, 21).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Aprovechando lo de “el lago que arde con fuego”, otra vez recordamos la canción de Celia Cruz: “¡Qué le den candela, qué le den castigo, qué lo metan en una olla y que se cocine en su vino...! ¡Qué le den candela, qué le den castigo, qué lo cuelguen de una cometa y que luego corten el hilo...! ¡Azúcar, azúcar...!”</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    ¿Es que acaso olvidamos los
    <i>Diez Mandamientos</i>
    y la historia de Jonás? (Ruano y Rendón, 2006):
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    <b>1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.</b>
  </p>
  <p>
    <b>2. No tomarás el Nombre de Dios en vano.</b>
  </p>
  <p>3. Santificarás las fiestas.</p>
  <p>4. Honrarás a tu padre y a tu madre.</p>
  <p>5. No matarás.</p>
  <p>6. No cometerás actos impuros.</p>
  <p>
    <b>7. No robarás.</b>
  </p>
  <p>
    <b>8. No dirás falso testimonio ni mentirás.</b>
  </p>
  <p>9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.</p>
  <p>10.&#160; No codiciarás los bienes ajenos (Éxodo, 20).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Como hemos visto, los mentirosos habituales de todo el aparato político-gubernamental-administrativo de América parece que pasaron de noche el Catecismo y los estudios bíblicos. Claro que también podríamos preguntarnos aquí: 1. ¿Quiénes les enseñaron a los mentirosos y pillastres empedernidos de América la palabra del Señor? Esperemos que no haya sido ninguno de los curas mentiroso, corruptos y pederastas de los que tanto se habla todos los días en América y en el mundo entero; 2. ¿Fue “El maestro Quiñones”, el que no sabía leer y daba lecciones?; 3. ¿Fue “El maestro Ciruela”, el que no sabía leer y puso escuela”? En fin, ya que el daño está hecho, esperemos que el “maístro” no haya sido alguien del primer caso, ¡por aquello de los “daños mayores” y la afectación al pudor!</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>¿Entonces, qué es y cómo funciona la mentira?</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La mentira es cualquier información comunicada que no es cierta, existen diferentes grados y tipos de mentiras [...] Forman parte del repertorio emocional y en todos quienes la emplean el principio es el mismo: distorsionar la realidad y dotarla de validez aparente. Sin embargo, hay que tomar en cuenta la intención, el grado de conciencia de lo que se está diciendo o haciendo y los efectos de la acción sobre terceros [imaginemos entonces la envergadura de una mentira dicha a todo un pueblo] [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>[...] Desenmascarar algunas mentiras, aunque sean inofensivas, puede traducirse en humillación para alguien.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La comunicación no verbal desempeña un papel muy importante cuando enviamos y recibimos mensajes falsos [...] Las personas no siempre son sensibles para detectar el engaño [...] Tenemos estereotipos de los mentirosos; suponemos que utilizan movimientos oculares y hablan rápido, y suponemos que las personas sinceras, como nos miran directamente a los ojos, transmiten el mensaje con énfasis e incluyen detalles adecuados. Sin embargo, los buenos mentirosos [y tenemos 4 grandes tipos de mentiroso] usan estos estereotipos en contra de nosotros para crear una falsa impresión [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>[...] Entre las respuestas que percibimos como deshonestas se incluyen: sonreír, temblor de la voz, nerviosismo, pausas largas, respuestas rápidas, demasiado cortas o largas o demasiado elaboradas [...] (Ostrosky, 2000).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>No haga de la “mentira” una característica de su personalidad. “Más rápido se atrapa a un mentiroso que a un cojo”. Recuerde que los mentirosos se clasifican en 4 grandes tipos (James, 2002):</p>
  <p>
    <u>&#160;</u>
  </p>
  <p>
    ·&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;
    <u>Mentiroso ocasional</u>
    . Miente de vez en cuando para evitar situaciones desagradables o porque no quiere reconocer que se ha equivocado.
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    ·&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;
    <u>Mentiroso habitual</u>
    . Miente con mucha frecuencia. Debido a que tiene práctica en el mentir, casi no se le pueden notar sus mentiras ni a través de sus palabras, ni de su voz&#160; ni&#160; de sus gestos.
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    ·&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;
    <u>Mentiroso empedernido</u>
    . Miente con tanta frecuencia que ya no es consciente de sus mentiras. Dice lo que primero se le ocurre. Como no prepara sus mentiras, éstas suelen ser obvias. Se identifican fácilmente sus contradicciones. En Latinoamérica es muy común este tipo de mentiroso.
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    ·&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;
    <u>Mentiroso profesional</u>
    . Es el más difícil de identificar. No miente de manera indiscriminada, como el mentiroso empedernido. Este tipo de mentiroso prepara muy bien las mentiras y sabe perfectamente qué va a decir en cada caso concreto. Las mentiras bien calculadas y preparadas no se revelan a través del lenguaje verbal ni del lenguaje corporal. El único modo de detectar estas mentiras es contrastar las afirmaciones del mentiroso con otras fuentes totalmente independientes [...]
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>En México vivimos en un universo donde nada garantiza la primacía de la verdad en relación con la mentira; mentimos sin cesar; mentimos porque no hay razón alguna para decir la verdad. Esta “magia” que gusta tanto a los forasteros ricos, esta pérdida de la noción de los límites entre lo verdadero y lo falso, la encontramos no sólo en los cuadros, en los alebrijes, sino en la vida real, en la prensa, en la justicia. Si los surrealistas, si los forasteros ricos no estuvieran protegidos por su dinero y su calidad de extranjeros, si fueran víctimas de nuestras mentiras legales, mediáticas, sociales, no las llamarían “magia”, ni les gustaría tanto [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>[...] la mentira es una técnica mágica, un falso control sobre la realidad. El hombre domina su destino transformando su medio y transformándose a la vez; en lugar de este dominio, el mentiroso se complace en una realidad ficticia; su mentira se vuelve el equivalente de las alucinaciones de aquel que delira. La mentira es una ilusión de poder, a falta de poder real.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>[...] Llamar a un gato “gato”, es perfecto en zoología. En política, puede tener consecuencias desastrosas. ¿Acaso estoy diciendo que la excepción política permite la mentira? No; estoy hablando de la imposibilidad de erigir la prohibición de la mentira como principio incondicional [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>El deber de decir la verdad aparece como la piedra angular de todo el edificio social. Sin él, no hay intercambio posible: ningún contrato, ninguna compra-venta, ningún matrimonio o herencia, ninguna vida en común. Pero, ¿qué es mentir? [...] mentir consiste en decir lo contrario de lo que se piensa, no lo contrario de lo que es [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>[...] La mentira vuelve imposible la condición social&#160; por excelencia que es el contrato, instala lo arbitrario en las relaciones sociales [...] la mentira destruye la legalidad y excluye el derecho [...]&#160; (Antaki, 2000).</p>
  <p>
    <u>&#160;</u>
  </p>
  <p>Los mexicanos mienten por fantasía, por desesperación o para superar su vida sórdida [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Nuestras formas jurídicas y morales [...] mutilan con frecuencia nuestro ser, nos impiden expresarnos y niegan satisfacción a nuestros apetitos vitales [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>[...] ¿hasta qué punto el mentiroso de veras miente, de veras se propone engañar?; ¿no es él la primera víctima de sus engaños y no es a sí mismo a quien engaña? El mentiroso se miente a sí mismo: tiene miedo de sí.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    [...] La simulación [...] es una de nuestras formas de conducta habitual. Mentimos por placer y fantasía, sí, como todos los pueblos imaginativos, pero también para ocultarnos y ponernos al abrigo de intrusos. La mentira posee una importancia decisiva en nuestra vida cotidiana, en la política, el amor, la amistad. Con ella no pretendemos nada más engañar a los demás, sino a nosotros mismos. De ahí su fertilidad y lo que distingue a nuestras mentiras de las “¿groseras invenciones de otros pueblos?”
    <a href="#_ftn3">[266]</a>
    La mentira es un juego trágico, en el que arriesgamos parte de nuestro ser. Por eso es estéril su denuncia.
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>El simulador pretende ser lo que no es. Su actividad reclama una constante improvisación, un ir hacia adelante siempre, entre arenas movedizas. A cada minuto hay que rehacer, recrear, modificar el personaje que fingimos, hasta que llega un momento en que realidad y apariencia, mentira y verdad, se confunden. De tejido de invenciones para deslumbrar al prójimo, la simulación se trueca en una forma superior, por artística, de la realidad. Nuestras mentiras reflejan, simultáneamente, nuestras carencias y nuestros apetitos, lo que no somos y lo que deseamos ser. Simulando, nos acercamos a nuestro modelo y a veces el gesticulador, como ha visto con honduras Usigli, se funde con sus gestos, los hace auténticos. La muerte del profesor Rubio lo convierte en lo que deseaba ser: el general Rubio, un revolucionario sincero y un hombre capaz de impulsar y purificar a la revolución estancada. En la obra de Usigli el profesor Rubio se inventa a sí mismo y se transforma en general; su mentira es tan verdadera que Navarro, el corrompido, no tiene más remedio que volver a matar en él a su antiguo jefe, el general Rubio. Mata en él la verdad de la Revolución.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Si por el camino de la mentira podemos llegar a la autenticidad, un exceso de sinceridad puede conducirnos a formas refinadas de la mentira [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La simulación es una actividad parecida a la de los actores y puede expresarse en tantas formas como personajes fingimos. Pero el actor, si lo es de veras, se entrega a su personaje y lo encarna plenamente, aunque después, terminada la representación, lo abandone como su piel la serpiente. El simulador jamás se entrega y se olvida de sí, pues dejaría de simular si se fundiera con su imagen. Al mismo tiempo, esa ficción se convierte en una parte inseparable –y espuria– de su ser: está condenado a representar toda su vida, porque entre su personaje y él se ha establecido una complicidad que nada puede romper, excepto la muerte o el sacrificio. La mentira se instala en su ser y se convierte en el fondo último de su personalidad.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Simular es inventar o, mejor, aparentar y así eludir nuestra condición. La disimulación exige mayor sutileza: el que disimula no representa, sino que quiere hacerse invisible, pasar desapercibido, sin renunciar a su ser. El mexicano excede en el disimulo de sus pasiones y de sí mismo. Temeroso de la mirada ajena, se contrae, se reduce, se vuelve sombra y fantasma, eco. No camina, se desliza; no propone, insinúa; no replica, rezonga; no se queja, sonríe; hasta cuando canta –si no estalla y se abre el pecho– lo hace entre dientes y a media voz, disimulando su cantar:</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Y es tanta la tiranía</p>
  <p>de esta disimulación</p>
  <p>que aunque de raros anhelos</p>
  <p>se me hincha el corazón,</p>
  <p>tengo miradas de reto</p>
  <p>y voz de resignación.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Quizá el disimulo nació durante la Colonia. Indios y mestizos tenían, como en el poema de Reyes, que cantar quedo, pues “entre dientes mal se oyen palabras de rebelión”. El mundo colonial ha desaparecido, pero no el temor, la desconfianza y el recelo. Y ahora no solamente disimulamos nuestra cólera sino nuestra ternura. Cuando pide disculpas, la gente del campo suele decir: “Disimule usted, señor”. Y disimulamos. Nos disimulamos con tal ahínco que casi no existimos.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>En sus formas radicales el disimulo llega al mimetismo. El indio se funde con el paisaje, se confunde con la barda blanca en que se apoya por la tarde, con la tierra obscura en que se tiende a mediodía, con el silencio que lo rodea. Se disimula tanto su humana singularidad que acaba por abolirla y se vuelve piedra, pirú, muro, silencio: espacio [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>[...] El mexicano tiene tanto horror a las apariencias, como amor le profesan sus demagogos y dirigentes. Por eso se disimula su propio existir hasta confundirse con los objetos que lo rodean. Y así, por miedo a las apariencias, se vuelve sólo Apariencia. Aparenta ser otra cosa e incluso prefiere la apariencia de la muerte o del no ser antes que abrir su intimidad y cambiar. La disimulación mimética, en fin, es una de tantas manifestaciones de nuestro hermetismo. Si el gesticulador acude al disfraz, los demás queremos pasar desapercibidos. En ambos casos ocultamos nuestro ser. Y a veces lo negamos. Recuerdo que una tarde, como oyera un leve ruido en el cuarto vecino al mío, pregunté en voz alta: “¿Quién anda por ahí?” Y la voz de una criada recién llegada de su pueblo contestó: “No es nadie, señor, soy yo”.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>No sólo nos disimulamos a nosotros mismos y nos hacemos transparentes y fantasmales: también disimulamos la existencia de nuestros semejantes [...] Los disimulamos de manera más definitiva y radical: los ninguneamos. El ninguneo es una operación que consiste en hacer de Alguien, Ninguno. La nada de pronto se individualiza, se hace cuerpo y ojos, se hace Ninguno.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Don Nadie, padre español de Ninguno, posee don, vientre, honra, cuenta en el banco y habla con voz fuerte y segura. Don Nadie llena al mundo con su vacía y vocinglera presencia. Está en todas partes y en todos los sitios tiene amigos. Es banquero, embajador, hombre de empresa. Se pasea por todos los salones, lo condecoran en Jamaica, en Estocolmo y en Londres. Don Nadie es funcionario o influyente y tiene una agresiva y engreída manera de no ser. Ninguno es silencioso y tímido, resignado. Es sensible e inteligente. Sonríe siempre. Espera siempre. Y cada vez que quiere hablar, tropieza con un muro de silencio; si saluda encuentra una espalda glacial; si suplica, llora o grita, sus gestos y gritos se pierden en el vacío que don Nadie crea con su vozarrón. Ninguno no se atreve a no ser: oscila, intenta una vez y otra vez ser Alguien. Al fin, entre vanos gestos, se pierde en el limbo de donde surgió.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Sería un error pensar que los demás le impiden existir. Simplemente disimulan su existencia, obran como si no existiera. Lo nulifican, lo anulan, lo ningunean. Es inútil que Ninguno hable, publique libros, pinte cuadros, se ponga de cabeza. Ninguno es la ausencia de nuestras miradas, la pausa de nuestra conversación, la reticencia de nuestro silencio. Es el nombre que olvidamos siempre por una extraña fatalidad, el eterno ausente, el invitado que no invitamos, el hueco que no llenamos. Es una omisión. Y sin embargo, Ninguno está presente siempre. Es nuestro secreto, nuestro crimen y nuestro remordimiento. Por eso el Ninguneador también se ningunea; él es la omisión de Alguien. Y si todos somos Ninguno, no existe ninguno de nosotros. El círculo se cierra y la sombra de Ninguno se extiende sobre México, asfixia al Gesticulador y lo cubre todo. En nuestro territorio, más fuerte que las pirámides y los sacrificios, que las iglesias, los motines y los cantos populares, vuelve a imperar el silencio, anterior a la historia [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La desconfianza, el disimulo, la reserva cortés que cierra el paso al extraño, la ironía, todas, en fin, las oscilaciones psíquicas con que al eludir la mirada ajena nos eludimos a nosotros mismos, son rasgos de gente dominada, que teme y que finge frente al señor. Es revelador que nuestra intimidad jamás aflore de manera natural, sin el acicate de la fiesta, el alcohol o la muerte. Esclavos, ciervos y razas sometidas se presentan siempre recubiertos por una máscara, sonriente o adusta. Y únicamente a solas, en los grandes momentos, se atreven a manifestarse tal como son. Todas sus relaciones están envenenadas por el miedo y por el recelo. Miedo al señor, recelo ante sus iguales. Cada uno observa al otro, porque cada compañero puede ser también un traidor. Para salir de sí mismo el ciervo necesita saltar barreras, embriagarse, olvidar su condición. Vivir a solas, sin testigos. Solamente en la soledad se atreve a ser.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La indudable analogía que se observa entre ciertas de nuestras actitudes y las de los grupos sometidos al poder de un amo, una casta o un Estado extraño, podría resolverse en esta afirmación: el carácter de los mexicanos es u producto de las circunstancias sociales imperantes en nuestro país; la historia de México, que es la historia de esas circunstancias, contiene la respuesta a todas las preguntas. La situación del pueblo durante el período colonial sería así la raíz de nuestra actitud cerrada e inestable. Nuestra historia como nación independiente contribuiría también a perpetuar y hacer más neta esta psicología servil, puesto que no hemos logrado suprimir la miseria popular ni las exasperantes diferencias sociales, a pesar de siglo y medio de luchas y experiencias constitucionales. El empleo de la violencia como recurso dialéctico, los abusos de autoridad de los poderosos –vicio que no ha desaparecido todavía– y finalmente el escepticismo y la resignación del pueblo, hoy más visible que nunca debido a las sucesivas desilusiones postrevolucionarias, completarían esta explicación histórica [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La enfermedad que roe a nuestras sociedades es constitucional y congénita [...] Es una enfermedad que ha resistido a todos los diagnósticos [...] Extraño padecimiento que nos condena a desarrollarnos y a prosperar sin cesar para así multiplicar nuestras contradicciones, enconar nuestras llagas y exacerbar nuestra inclinación a la destrucción. La filosofía del progreso muestra al fin su verdadero rostro: un rostro en blanco, sin facciones. Ahora sabemos que el reino del progreso no es de este mundo [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Las crisis políticas son crisis morales [...] Cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>En el campo hay inquietud y descontento; en muchos lugares esa inquietud es ya exasperación y en otros el descontento se traduce con frecuencia en actos de violencia desesperada [...] medio México semidesnudo, analfabeto y mal comido contempla desde hace años los progresos del otro medio [...] (Paz, 2000).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>El lenguaje formal y oscuro probablemente sea el arma principal de autodefensa del mexicano. Usando palabras y frases [con sus respectivos gestos, por supuesto] que, aparentemente, carecen de sentido, puede proteger sus emociones, evitar el riesgo de comprometerse e incluso prodigar alabanzas sin sentirse servil. El concepto es sencillo: el lenguaje tiene vida propia, casi como si las palabras, y no las personas, se comunicaran entre sí. Incluso las pinturas prehispánicas ilustraban la conversación por medio de globos que revoloteaban en suspenso frente a los oradores. Las promesas huecas y las mentiras francas salen fácilmente, puesto que las palabras no tienen valor intrínseco propio. La franqueza o la sinceridad excesivas se consideran groseras e incluso las discusiones importantes deben ir precedidas de charlas sobre la familia o chismes políticos. El lenguaje sirve de campo neutral donde las personas pueden relacionarse sin peligro de confrontación.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>En la vida pública, la independencia de las palabras es crucial, toda vez que los altos funcionarios esperan verse adulados. Los talentos atribuidos a cada Presidente –mientras está en el poder– rayan en lo ridículo. Sin embargo, no se espera que la manada de acólitos que rodea a cada jefe justifique su servilismo después de que el funcionario deje el poder; simplemente transfiere su adulación al siguiente jefe. La retórica usada por los funcionarios para discutir las cuestiones públicas es causa de más estupefacción. Cualquier político aspirante puede lanzarse a la oratoria al instante, con la intención de llenar el aire con palabras y frases bellas, en lugar de explicativas. Como el uso de un lenguaje directo implicaría un compromiso, gran parte de los discursos oficiales son conceptuales, y defienden principios y valores que la mayoría de los gobiernos ignoran en la práctica. Las plataformas electorales se construyen en torno a frases grandilocuentes sostenidas por ilusiones. Innumerables mensajes –desde pontificaciones nacionalistas de figuras históricas hasta admoniciones morales directas– se pintan en los muros, como si tuvieran la facultad de influir en el pensamiento del mexicano común y corriente.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Cuando se debe transmitir un mensaje político real, generalmente está disfrazado con una clave secreta que incluso quienes hablan español fluidamente, pero no son de México, deben luchar por descifrar [aunque la mayoría de los mexicanos nativos de este país y residentes en él, inclusive con educación superior, tampoco pueden descifrar, y los cercanos al discursante, de su mismo grupo, interpretan y decodifican de las maneras más disímiles, rayando en ciertos casos en la ridiculez, el cantinfleo, la burla y el humor negro: “lo que el presidente quiso decir...”]. Los Presidentes pueden referirse a “emisarios del pasado” o “espejos externos”. El dirigente del partido gobernante, en cierta ocasión, atacó virulentamente a “quienes desde camarillas oscuras establecen alianzas vergonzantes que el pueblo rechaza”, referencia que sólo un puñado de políticos pudo entender. (Se refería a una reunión entre políticos conservadores de la oposición y diplomáticos de Estados Unidos.) A veces, las palabras elegidas incluso pueden contradecir el significado pretendido, haciendo que los no iniciados lleguen a la conclusión equivocada. En otras ocasiones, una fuerte negación –“No hay crisis”– sirve para confirmar el reconocimiento oficial del problema. Los periódicos del país, por regla general, contribuyen poco al esclarecimiento: usualmente evitan los peligros del análisis y los reportajes a fondo, publicando interminables entrevistas, mientras que, con frecuencia, hay que descifrar las columnas políticas más pertinentes para poderlos entender.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La cautela es la norma. Cuando se invita a funcionarios mexicanos a hablar en el extranjero, por más incisivas que sean las preguntas que se les hagan, jamás conducirán a la aceptación de fracasos del sistema. Incluso los historiadores, los politólogos y los mismos sociólogos mexicanos son renuentes a ser francos en público, y algunos evitan presentarse en un podio con políticos de la oposición interesados en poner en vergüenza al régimen. Debido a los riesgos que entraña el definirse, los tratados académicos más importantes sobre México los han escrito extranjeros. Empero, todo este ritual sirve para un propósito político importante: proporciona una cortina de humo tras la cual se puede ejercer el poder real, al tiempo que se conserva la ilusión de un debate político. Y, aunque cada Presidente puede determinar el tinte ideológico de su gobierno, la inmutable retórica le presta continuidad al sistema, aunque sólo sea porque perpetúa sus mitos.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>El lenguaje de la vida pública refleja, en esencia, el lenguaje que emplean los mexicanos en sus relaciones cotidianas. Es un lenguaje formal que puede ocultar infinidad de sutilezas. Algunas frases ornadas son usadas de manera inconsciente [...] Los significados se ocultan entre líneas, en pausas, énfasis o entonación, incluso en sonidos o gestos extraños [...] En estas contorsiones lingüísticas sin fin, la fascinación del mexicano por el detalle y su obsesión por los matices son satisfechos constantemente (Riding, 2002: 22-25).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>En el mundo empresarial hay muchos embusteros. La sinceridad total no sería práctica. Aún así, la mentira viene por estratos. Incluso en las empresas de política «limpia», la integridad se aplicará tal vez a los grandes principios, como la formación de los precios, la negociación de contratos y la comunicación con el personal, pero quedarán las pequeñas mentiras, como asegurar que un puesto de trabajo «no tiene ningún problema» cuando resulta que va a ser un semillero de discordias, o hay que sonreír a unos clientes que son unos bandoleros.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Algunos hombres de empresa son embusteros vocacionales, hábiles, de primera clase, falsarios decididos a darnos gato por liebre. Con frecuencia han estudiado las técnicas del embuste y han llegado a dominarlas. Se les encuentra entre los ejecutivos de ventas, los políticos y los altos directivos así como en otras muchas colocaciones.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Están luego los «pillastres honrados», los que mienten pero de manera tal que dan a entender que están mintiendo. Es el típico vendedor «vendedor a puerta fría» que le coloca a una la vajilla de loza diciendo que es porcelana inglesa. Pero no se lo tenemos en cuenta, porque sabemos que está diciendo embustes.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>No existe un método infalible para atrapar al mentiroso. Con el tiempo, sin embargo, suelen traicionarse ellos mismos. Hasta a los mejores les resulta difícil actuar sin dejar «filtraciones», es decir, señales reveladoras (James, 2002: 157-158).</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    [¿Por qué es que los mexicanos tenemos fama de mentirosos, tanto dentro de México como fuera de México? ¿Somos realmente mentirosos los mexicanos? ¿Los mismos mexicanos se consideran a sí mismos mentirosos? Veamos lo que al respecto dice la mexicana Sara Sefchovich, en su libro
    <i>País de mentiras</i>
    ]
  </p>
  <p>&#160;</p>
  <p>I. El piso para la mentira [p. 281]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>No definir</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>¿Qué es lo que hace posible que exista la mentira?</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Hay conductas colectivas que sustentan este modo de funcionamiento en nuestra cultura [en México]. Por ejemplo, no se acostumbra delimitar y definir, no se estila la claridad. Allí están las leyes ambiguas, que dejan enormes huecos por dar fe de ello: “En su afán de conmemorar el Día Internacional de la Mujer de su primer año de gobierno con alguna medida que impresionara mucho, el presidente Calderón envió una iniciativa de ley tan favorable a las mujeres, que terminó por proponer castigos severos a quien lastime a una niña pero le negó ese privilegio a los niños, defendió a la mujer víctima de la violencia física pero el hombre golpeado sólo le suscita desprecio, cree que el hombre que le es infiel a su mujer incurre en un delito grave que merece sanción penal pero la mujer que engaña al marido está libre de culpa. ¿Qué justifica que el secuestro de niños, ancianos y mujeres sea castigado con una pena más alta que el secuestro de varones?”.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La poca claridad sucede también respecto a las funciones, atribuciones y límites que le corresponden a las instituciones y oficinas burocráticas de todo tipo y nivel: ¿qué exactamente debe hacer esta dirección, aquel organismo, esa comisión? No se sabe bien a bien [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>En el caso de las personas, la falta de claridad en las funciones que se deben cumplir en cada puesto genera un enorme desconcierto, al que se agrega el miedo a equivocarse que podría costar el enojo del jefe e incluso la chamba [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>No evaluar</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Tampoco hay [en México] ningún mecanismo para rendir cuentas, para revisar si se cumplieron las promesas, si se llevaron a cabo los planes, si se hizo lo que se tenía que hacer en el cargo que se tuvo y si lo que se dijo que se hizo efectivamente fue así. Por eso cualquiera puede ofrecer la luna y las estrellas, al fin que nadie va a revisar después si lo hizo, si hubo concordancia entre lo propuesto y los resultados conseguidos, entre las promesas y los hechos, entre los informes y la realidad. Y también por eso cualquiera puede no hacer nada en su puesto, e incluso hacer algo desfavorable (como negociar en lo oscurito o favorecer a alguien o gastarse el dinero en algo diferente a lo planeado) pues ni quien se entere y si se entera, nada sucede [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>II. La mentira como código [p. 299]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Una estructura colectiva</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>¿Significa todo lo que hemos dicho que podemos acusar de mentirosos a nuestros funcionarios, a nuestros políticos, a nuestros jueces, a nuestros eclesiásticos, a nuestros empresarios, a nuestros intelectuales y científicos, a nuestros medios de comunicación, a nosotros mismos los ciudadanos de este país [México]?</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>No, aunque parezca.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Porque la mentira, para que ocurra como ocurre y sea como es, es porque existe eso que Néstor García Canclini llama “un piso social” que la sustenta. Nuestros poderosos no podrían mentir si no fuera un código y una práctica socialmente compartidos, socialmente aceptados y firmemente establecidos que permiten que las cosas sean así.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Dicho de otro modo: cuando la mentira no es una conducta extraña que se cuestiona y hasta castiga sino que es un discurso&#160; de todos, repetido y reiterado, ya no es una decisión individual de quien la emite ni es tampoco algo que una persona pueda decidir cambiar. Porque para que esto suceda como sucede y sea como es, es porque se trata de un código cultural como diría Eco, de una “forma social de funcionamiento” como dirían Levi-Strauss y Bourdieu, de un esquema como diría Hjemslev, de una “estructura sociocultural” como diría García Canclini, de “una trama de significación” como diría Geertz, de “un paquete cultural” como diría Gamson, entendido esto como “el conjunto de sistemas para hablar, pensar, escribir y actuar, los dispositivos mediante los cuales se organizan los datos provenientes de la realidad”, y que parafraseando a Marx, se produce “más allá de la voluntad y hasta de la conciencia”.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Y es que, como afirmó Octavio Paz, toda sociedad funciona con un sistema de prohibiciones y autorizaciones, de lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, de lo que se puede decir y lo que no se puede decir y también de lo que se debe hacer y decir. Y las personas individuales no pueden librarse, no pueden estar por fuera ni por encima de ese sistema en la medida en que están insertas en y condicionadas por la sociedad, la historia y la cultura a la que pertenecen, porque dice Ariel Dorfman: “los modelos de comportamiento dominantes no se encuentran flotando en una entidad abstracta y lejana (sino que) anidan en esto que somos nosotros mismos”.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La cultura mexicana no sólo genera y permite sino que exige, aplaude y premia ese modo de funcionar. Si en México se miente es porque se puede mentir y más todavía, porque se tiene que mentir. En nuestro sistema cultural, de percepción, pensamiento y valores las cosas son así, o como diría Enrique Alduncin, así es como seleccionamos entre las alternativas posibles de modos y medios para la acción y así es como tomamos nuestras decisiones y elaboramos y justificamos nuestras conductas.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Estamos pues, hablando de un gran discurso colectivo, de una práctica en la que existe una base de acuerdo triple: la de que ése es un modo aceptado de funcionar, la de que ése es el modo de actuar de quienes tienen poder y también lo es de quienes los escuchamos y aceptamos. Es una práctica al mismo tiempo argumentativa, ideológica y simbólica.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Razones históricas</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Este modo de ser del discurso público mexicano tiene sus raíces no en supuestas insuficiencias o complejos de quienes vivimos en este país y conformamos eso que se llama “el pueblo mexicano”&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; –interpretación que prevaleció durante décadas, desde los años treinta a los años sesenta del siglo XX y que no ha muerto del todo– sino en muy concretas razones históricas.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Como diría Michel Foucault, el discurso de la mentira ha sido y es posible y factible porque durante quinientos años se han ido construyendo pacientemente sus condiciones de posibilidad culturales y mentales, de modo que recurrir a ella no es un modo de funcionar coyuntural y ni siquiera reciente, sino que es una forma enraizada en la historia.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Y es que nuestra cultura nació de una conquista violenta que hizo hasta lo imposible por liquidar a las civilizaciones que existían en el territorio, a sus religiones, costumbres y tradiciones y que además las humilló y descalificó, sometiendo a todo lo americano “a un proceso de desvalorización implacable”, a partir de un “exacerbado y puntilloso complejo de genérica superioridad europea”.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Eso obligó a los conquistados por una parte, a aprender un código en el cual pudieran esconder la vieja cultura y la vieja religiosidad, que estaban prohibidas, así como la rebeldía o desobediencia, que eran severamente castigadas y por otra parte, a usar palabras del idioma recién aprendido, de manera tal que dijeran aquello que los nuevos amos querían escuchar. Y el modo persistió y persiste hasta hoy, pues como dijo Octavio Paz: “La colonia ha terminado, no así el miedo ni la sospecha”.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La otra raíz histórica de este modo de funcionar, tiene que ver con el carácter profundamente autoritario de la cultura nacional, herencia tanto de las civilizaciones originarias&#160; como de la impuesta por los conquistadores. La nuestra ha sido una cultura en la que siempre alguien manda y decide y es dueño de todo el poder: tlatoanis, virreyes, caciques, presidentes, jefes. Ninguno de ellos es un servidor público, sino “amo y señor” dice Julio Scherer, el que “nombra, protege, concede, facilita y coarta” dice Carlos Monsiváis, el que “resuelve y decide todo, desde lo nimio hasta lo trascendental” escribe Luis Spota, “y su poder es tan enorme, que si quisiera podría torcer el destino que le viniera en gana”.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>En una cultura así, moverse o no moverse, decir o no decir, hacer o no hacer, pueden afectar seriamente a una persona, al grado de que la posición, el empleo, la vida misma, dependen de haber hecho lo correcto en la opinión y desde la perspectiva del que manda. Por eso la necesidad de mentir, pues con tal de asegurarse y hasta salvar el pellejo, es necesario engañar o simular, exagerar o minimizar, ocultar o tergiversar, no dar información suficiente o decir medias verdades, diluir responsabilidades o de plano negar.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Por fin, una razón histórica más, es el imperialismo. Aunque la palabra pueda parecer pasada de moda, no así su realidad que es “la dominación de un Estado sobre otro para establecer una hegemonía económica, política y cultural”.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Nosotros [los mexicanos] siempre hemos estado dominados y presionados por algún imperio. O como lo pone Enrique Semo: “En cada etapa de desarrollo de la formación socioeconómica latinoamericana está presente la relación metrópoli-colonia”. Y si bien es cierto, como lo señaló Hanna Arendt, que existen muchas diferencias entre ellos, es un hecho que nos han sometido a sus designios y que han puesto y ponen sus intereses por encima de los nuestros y nos obligan a seguirlos [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Razones lingüísticas</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La España que nos conquistó no sólo impuso sus modos de gobierno y sus creencias religiosas sino también su idioma. Y el lenguaje es más que un conjunto de palabras y reglas gramaticales, es un sistema con el cual las personas representan y comprenden su mundo, le construyen y atribuyen sentido y significado y organizan sus creencias y sus prácticas. “Las personas no crean su vocabulario a partir de la nada, sino que lo heredan a partir de las concepciones en las que son socializadas” dice Jean Cohen, y en efecto, “no se habla como se quiere”, porque hay coerciones que pesan sobre nuestro lenguaje q1ue son de orden social, cultural e ideológico y que “determinan no nada más nuestra manera de hablar sino también el sentido de nuestras palabras”.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>[...] Entre nosotros el discurso es siempre formal y complicado, diferente del de la mentalidad moderna en la cual las cosas se dicen en el menor tiempo posible y de manera directa y denotativa, siendo por el contrario, connotativo y simbólico. En nuestro lenguaje, como dice Michael Slackman “ser directo y decir la verdad no son los principios valorados, de hecho lo opuesto es la verdad. Se espera que las personas expresen alabanzas falsas y promesas no sinceras. Se espera que digan lo que sea con tal de evitar un conflicto o que ofrezcan esperanzas cuando no las hay [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Eso es lo que nosotros aprendimos. Aprendimos a decir lo que no pensamos y a no decir lo que sí pensamos, aprendimos a decir las cosas de manera rebuscada y dándole muchas vueltas. Aprendimos que las palabras no sólo sirven para decir sino también para enredar, tergiversar, ocultar [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Las dos funciones de la palabra</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Entre ese pretender que porque se lo pone en palabras algo va a existir y el usar el lenguaje más como retórica que como expresión directa y clara, resulta que la palabra entre nosotros cumple dos funciones al mismo tiempo: es creadora de realidad y es discurso vacío [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>[...] la mentira no va a desaparecer porque a las nuevas generaciones las estamos educando en ella: ésa es la manera como están aprendiendo a funcionar. Ha servido para impresionar a los de afuera y engañar a los de adentro sin tenernos que creer de verdad esos valores ni mucho menos cumplirlos.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Acudir a la mentira no ha sido un error ni un accidente, sino como diría Ciro Gómez Leyva, una voluntad de los mexicanos, que la han (que la hemos) convertido en una manera de funcionar, en un código, en un paradigma, en un “candado cognoscitivo” diría Deepak Chopra, con el cual aprendimos a enfrentar las situaciones y a resolver los problemas.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Por eso por donde se le mire, por donde se le busque, en donde se le encuentre, brinca la mentira, brinca el doble discurso, salta la diferencia entre discurso y realidad.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Ésa ha sido y es nuestra verdad. La mentira ha estado con nosotros por mucho tiempo y como el dinosaurio del cuento de Tito Monterroso, sin duda lo seguirá estando por bastante tiempo más, porque la fantasía del país que somos, de la nación que hemos creado en el imaginario, hicieron de la simulación una necesidad y hoy requieren de la mentira para seguir existiendo.</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>III. Consecuencias de la mentira [p. 313]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La desconfianza</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>¿Pasa algo cuando se miente una y otra vez? ¿Tiene alguna consecuencia en la sociedad mexicana ese modo de funcionar del discurso público? [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La doble moral</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Del doble discurso a la doble moral el brinco es casi imperceptible. ¿O será que es al revés y que aquél existe porque ésta existe y lo sustenta? [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>Epílogo:</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>La única verdad es la mentira [p. 333]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>México entra en el siglo XXI de la mano de la mentira y la simulación, compañeras fieles a lo largo de su historia, pero que ahora han alcanzado alturas insospechadas [...]</p>
  <p>&#160;</p>
  <p>
    Es verdad que en donde quiera hay mentiras, que en todo el mundo hay mentiras, que en la historia siempre ha habido mentiras y que en todos los grupos humanos ha habido y hay mentiras; pero, como siempre, todo es cuestión de “cantidad” y de “calidad”, como han comentado ya, entre tantos pensadores, Platón,
    <a href="#_ftn4">[267]</a>
    San Agustín&#160;&#160; –que distingue ocho tipos de mentira–, Tomás de Aquino –que distingue tres tipos de mentira–, Emmanuel	
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			<p>[&#8230;] ¿POR QUÉ LA GENTE NO SE ACEPTA Y SE RECHAZA CON TANTA FRECUENCIA, Y SI SE ACEPTA LO HACE HIPÓCRIT&#8230; https://ruanofaxas.wordpress.com/article/por-que-la-gente-no-se-acepta-y-se-19j6x763f3uf8-73-2/ [&#8230;]			</p>
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			<p>[&#8230;] en la política de América!? ¡Pero ni de chiste! ¿¡Creer en “los que mandan”[264] en América!? ¡Pero ni de chiste! (Imaz, 1964). ¿¡Creer en “eso” que llaman [&#8230;]			</p>
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