HABLEMOS UN POCO ACERCA DE NUESTRAS SOCIEDADES…, Y DE SEXO Y SEXUALIDAD TAMBIÉN
ESTADOS UNIDOS. PARTES DEL CICLO DE CONFERENCIAS IMPARTIDAS POR EL FILÓLOGO, IMAGÓLOGO, PAISÓLOGO Y LINGÜISTA CUBANO FERNANDO ANTONIO RUANO FAXAS. Sexualidad, Sexuality, Сексуальность, Sexualité, Sexualität, 性快感 , 人間の性 , מיניות , İnsan cinselliği
IMAGOLOGÍA SEXUAL, SEXUAL IMAGOLOGY, СЕКСУАЛЬНАЯ ИМАГОЛОГИЯ
IMAGOLOGÍA POLÍTICA, POLITICAL IMAGOLOGY, ПОЛИТИЧЕСКАЯ ИМАГОЛОГИЯ
“No sólo nos disimulamos a nosotros mismos y nos hacemos transparentes y fantasmales: también disimulamos la existencia de nuestros semejantes […] Los disimulamos de manera más definitiva y radical: los ninguneamos. El ninguneo es una operación que consiste en hacer de Alguien, Ninguno. La nada de pronto se individualiza, se hace cuerpo y ojos, se hace Ninguno […] Ninguno es silencioso y tímido, resignado […] Sonríe siempre. Espera siempre. Y cada vez que quiere hablar, tropieza con un muro de silencio; si saluda encuentra una espalda glacial; si suplica, llora o grita, sus gestos y gritos se pierden en el vacío que don Nadie crea con su vozarrón. Ninguno no se atreve a no ser: oscila, intenta una vez y otra vez ser Alguien. Al fin, entre vanos gestos, se pierde en el limbo de donde surgió. Sería un error pensar que los demás le impiden existir. Simplemente disimulan su existencia, obran como si no existiera. Lo nulifican, lo anulan, lo ningunean. Es inútil que Ninguno hable, publique libros, pinte cuadros, se ponga de cabeza. Ninguno es la ausencia de nuestras miradas, la pausa de nuestra conversación, la reticencia de nuestro silencio. Es el nombre que olvidamos siempre por una extraña fatalidad, el eterno ausente, el invitado que no invitamos, el hueco que no llenamos. Es una omisión. Y sin embargo, Ninguno está presente siempre. Es nuestro secreto, nuestro crimen y nuestro remordimiento. Por eso el Ninguneador también se ningunea; él es la omisión de Alguien. Y si todos somos Ninguno, no existe ninguno de nosotros. El círculo se cierra y la sombra de Ninguno se extiende sobre México, asfixia al Gesticulador y lo cubre todo. En nuestro territorio, más fuerte que las pirámides y los sacrificios, que las iglesias, los motines y los cantos populares, vuelve a imperar el silencio, anterior a la historia […] La enfermedad que roe a nuestras sociedades es constitucional y congénita […] Es una enfermedad que ha resistido a todos los diagnósticos […] Extraño padecimiento que nos condena a desarrollarnos y a prosperar sin cesar para así multiplicar nuestras contradicciones, enconar nuestras llagas y exacerbar nuestra inclinación a la destrucción. La filosofía del progreso muestra al fin su verdadero rostro: un rostro en blanco, sin facciones. Ahora sabemos que el reino del progreso no es de este mundo” (Octavio Paz, El laberinto de la soledad, 1950)